miércoles, 11 de octubre de 2017

Informe del Período 2015-2017

Dr. Fernando Ponce León, SJ

INTRODUCCIÓN

Dos años son una ocasión para hacer un balance de lo recorrido y de lo que todavía queda por caminar. ¿Qué se ha hecho en este tiempo?

En mayo ya presenté un informe de actividades sobre el año 2016 que está a disposición de todos. El actual informe viene bajo otro formato: más narrativo, buscando establecer un estado de la cuestión, mezclando lo ya alcanzado con lo que todavía está pendiente, combinando descripción de hechos con reflexiones personales.

El método que seguiré será exponer y comentar las sugerencias recibidas entre septiembre del 2015 y enero 2016. Cuando asumí el rectorado me encontré con una comunidad universitaria llena de expectativas, algunas de las cuales me fueron trasladadas por escrito bajo la forma de sugerencias para la acción. Las he leído, releído y analizado, y ahora las retomo como hilo conductor de esta exposición.

El informe que ahora presento puede ser visto como un diálogo entre la comunidad universitaria y el rector que expone, explica y todavía sueña. Hace dos años no tuve ni el tiempo ni la delicadeza de responder a todos los que me escribieron y felicitaron, de modo que ahora espero ponerme al día y dejar las puertas abiertas para este diálogo que debe continuar bajo las formas que se vean como necesarias y posibles.

Es importante aclarar que me referiré solo a dos años del trabajo de la PUCE, de los que puedo dar testimonio. Pero la universidad no empezó su transformación con mi gestión ni con el equipo actual. Estoy plenamente consciente que estamos hoy cosechando el trabajo de quienes nos precedieron, beneficiándonos hoy de mucho esfuerzo y dedicación de años anteriores. Igualmente estamos poniendo en marcha procesos cuyos resultados se verán mucho después. Gracias a los gigantes que nos precedieron en cuyos hombros hoy nos paramos.

1.- DIRECCIÓN ESTRATÉGICA

Un primer grupo de sugerencias se refieren a la dirección estratégica de la universidad. Una de ellas, quizás la más representativa, pide emprender una reforma estructural que privilegie lo académico sobre lo administrativo. Esta preocupación tiene estrecha relación con uno de nuestros objetivos estratégicos: “Mejorar la gestión institucional asegurando la calidad y mejora continua”, aunque tiene más aristas de lo que puede evocar este objetivo.

Quiero decir que hemos dado importantes pasos en esta dirección. En primer lugar, la PUCE aprobó su modelo educativo el 6 de marzo del presente año, luego de varios intentos que datan de comienzos del 2015 realizados por tres diferentes equipos de trabajo. Este modelo pretende ser integral y contiene tres grandes propuestas que se corresponden con las tres funciones sustantivas de la universidad.

En segundo lugar, desde el 14 de febrero 2017 contamos con una propuesta de restructuración académica que nos invita a repensarnos institucionalmente según departamentos. Este trabajo es el fruto del esfuerzo de la comisión Nueva Universidad que empezó a trabajar en noviembre 2015. Si a esta propuesta añadimos el Plan Estratégico 2016-2020 y un mapa de procesos elaborado por la Dirección de Aseguramiento de la Calidad, que data de febrero del presente año, poseemos ya tres importantes “hipótesis de trabajo”, como llamo a estos documentos. No son los únicos supuestos con los que trabajamos actualmente, pero sí los más representativos de nuestro compromiso por responder a esta sugerencia que pide adecuar los medios administrativos con el fin académico que nos alienta.

En tercer lugar, la respuesta más concreta a esta sugerencia es el proyecto llamado PUCE MÁS, del cual todos seguramente hemos oído hablar. Este proyecto busca, en pocas palabras, ser más eficientes y organizados para servir mejor a nuestra comunidad universitaria y al país. De este proyecto se hablará en la segunda parte de este evento.

Otra sugerencia muy relacionada con la dirección estratégica de la universidad es la relativa al manejo de la información. Al momento la información está centralizada en la Coordinación de Información y Estadísticas, de la Dirección de Aseguramiento de la Calidad.  Esta dirección, establecida en enero 2016, creó el sistema de información Ignatius, que recoge las variables requeridas por los organismos externos de control. Cubre información general sobre docentes, estudiantes, administrativos, la investigación, la vinculación, y la institución. Además de este sistema hay que mencionar el uso de Project Online para el seguimiento de los avances del Plan Estratégico, un aplicativo alimentado periódicamente por los responsables de los planes y proyectos. El mismo plan estratégico 2016 – 2020 y su metodología unificada para la implementación de planes operativos, junto con la creación de Oficinas de Aseguramiento de la Calidad en las otras sedes, articuladas a la DAC, muestran cuánto nos interesa la gestión de la información para el desarrollo de la universidad.

Sin duda el sistema Ignatius debe todavía perfeccionarse, e incluir más variables y datos, pero ya es una herramienta que nos garantiza la coherencia entre la información que entregamos al Estado y la sociedad y la que utilizamos internamente para efectos de gestión.

Dentro de este paquete de sugerencias de carácter estratégico cabe mencionar tres más referidas al posicionamiento y reconocimiento de la Universidad en ámbitos externos. Mejorar la promoción y publicidad de la PUCE era una de las necesidades más sentidas hace dos años. Puede ser que todavía falte mucho en este campo; sin embargo, la renovación de la imagen institucional y la contratación de la agencia de publicidad MullenLowe Delta Ecuador, en enero de 2017 nos han valido una presencia más fresca y positiva en la opinión pública, a juzgar por algunas reacciones favorables.

Pero el posicionamiento que queremos no es solo el que se consigue con una buena estrategia de imagen. De hecho, esto es menos importante que los logros mismos que quisiéramos dar a conocer. Están por ejemplo algunas acreditaciones internacionales que contribuyen al Oe4, que es “reposicionar el prestigio de la PUCE como una universidad de excelencia a nivel nacional e internacional”. En un trabajo conjunto entre la Coordinación de Evaluación y Acreditación, de la DAC, y algunas unidades académicas se ha conseguido en el presente año la certificación internacional de Ecoturismo y Gestión Hotelera (Certificación TEDQUAL), mientras continua el proceso para la certificación internacional de administración de Empresas, Contablilidad y Auditoría (CACECA México) y Biología (QUALITAS Chile).

Un hecho importante para el reconocimiento externo de la PUCE es su participación en los debates universitarios actuales. Hay que ser modestos en este punto, porque participar no es lo mismo que influir, y en asuntos políticos hemos tenido más de lo primero y no sabemos cuánto de lo segundo. De todas formas, es bueno saber que la PUCE es vista como la representante y líder de las ocho universidades que recibimos fondos estatales para becas. Esto nos ha permitido suscitar en este grupo diálogos sobre la reforma a la LOES y sobre el nuevo modelo de evaluación y acreditación institucional, diálogos que culminaron en sendas propuestas acuerdo que ya fueron transmitidas a las respectivas autoridades. Por otra parte, actualmente la PUCE asiste a reuniones semanales en la comisión de educación de la Asamblea Nacional, los lunes con las universidades públicas, para tratar la reforma estructural al financiamiento de la educación superior, y los miércoles con las universidades particulares, para asuntos de común interés. Se nos sugirió que nos involucráramos en la mejora de la legislación universitaria y lo estamos haciendo con muchas ganas y no menos paciencia. Recordemos que en julio de este año albergamos el encuentro de las 60 universidades del país con la SENESCYT y otros organismos donde se identificaron los principales nudos críticos que hoy animan el debate universitario.

2.- DOCENCIA

Así como la reforma estructural es la sugerencia más representativa de carácter estratégico, el rediseño de las carreras y la creación de nuevas ofertas expresan las expectativas académicas más apremiantes.

Las sugerencias en este ámbito se relacionan con nuestro Oe 1, que consiste en “innovar e incrementar la oferta académica de grado y posgrado”. A la fecha, de los 77 proyectos de carreras de toda la PUCE, el CES ha aprobado 43, autorizado 3 a funcionar, y continúa analizando 29.  Solo dos están todavía en nuestras unidades académicas, antes del trámite interno. Por otro lado, de los 24 proyectos de posgrado elaborados, solo 7 están aprobados por el CES y uno está siendo revisado por sus técnicos. Los restantes 16 se encuentran en alguna etapa de estudio o aprobación interna. En este conteo no se toman en consideración los 15 posgrados de medicina, actualmente en curso hasta el 2019.

Hay que notar que la elaboración de posgrados nos ha enseñado algo de humildad. Para febrero de este año se reportaban 99 proyectos en algún estado de elaboración o de imaginación, de los cuales 65 correspondían a Quito. El que solo 21 se hayan finalmente concretado nos demuestra que la universidad necesita mucho más que buenas ideas, las cuales nunca faltan.

La academia es algo que apasiona y preocupa a académicos, como es natural. Por esto las sugerencias de hace dos años no se referían únicamente a un incremento en el número de ofertas académicas, como acabo de explicar.  Trataban también sobre mejoras cualitativas en el modo de hacer docencia. Crear maestrías interdisciplinares, crear mecanismos de interacción entre facultades para fomentar la interdisciplinariedad, permitir que graduados de cualquier campo hagan maestría en otros campos, crear programas de doble titulación, especialmente en AUSJAL, hacer que las mallas de las carreras culminen en maestrías, ofrecer más carreras y programas en modalidad virtual, sean semi-presenciales o a distancia, crear algunas asignaturas virtuales en las carreras presenciales, son algunas de estas sugerencias.

El balance hoy es matizado. El impulso que se ha dado a la interdisciplinariedad se puede ver en tres avances. Primero, en la creación de asignaturas comunes y asignaturas de objetivo común. Las primeras son seis asignaturas que se impartirán por igual a todos los estudiantes que ingresen en la Universidad a partir de abril 2018. Están diseñadas de tal forma que estudiantes de diversas carreras coincidan en las mismas aulas y aborden de modo interdisciplinar la Comunicación oral y escrita, las Tecnologías de la información y de la comunicación, los Fundamentos de la Investigación, los Contextos e Interculturalidad, Jesucristo y la Persona de Hoy y la Ética Personal y Socioambiental.

Las asignaturas de objetivo común, por su lado, son cuatro asignaturas que concuerdan en el objetivo de aprendizaje, pero conservan algunas diferencias explicables por las particularidades de la carrera. Por ejemplo, la lectura y escritura académica persigue el mismo fin en las carreras que la incorporan, pero con adaptaciones propias al campo disciplinar en cuestión, y lo mismo puede decirse de la Filosofía de la disciplina o campo disciplinar particular, del Diseño y evaluación de proyectos y de la Deontología profesional y legislación.

Un segundo avance que contribuirá sin duda a la formación interdisciplinar de nuestros estudiantes es el diseño de los itinerarios en todas las carreras nuevas o rediseñadas. Cada una de ellas tiene dos o tres itinerarios que podrán ser ofrecidos a estudiantes de otras carreras a fin de permitirles completar su formación integral con enfoques distintos a los de sus propias carreras o campos de estudio. Sin embargo, el desafío logístico para implementar las materias comunes y los itinerarios comunes es grande. Deberemos hacer un esfuerzo hasta ahora no visto en la universidad para optimizar aulas, optimizar el tiempo de los docentes y crear franjas de horarios para estas asignaturas e itinerarios, a semejanza de lo que sucede con la enseñanza de los idiomas.

Hay una sugerencia que siempre me ha llamado la atención por lo sencilla y convincente que resulta: organizar los horarios en función de los estudiantes. Me temo que el hacerlo a partir del próximo semestre despertará alguna resistencia entre nosotros, pero no por esto la Universidad renunciará a innovaciones que hoy son sumamente necesarias para responder a los nuevos tiempos.
También fomentamos la interdisciplinariedad con en el primer posgrado diseñado con estas características: la maestría en bioética, preparada por la facultad de medicina y filosofía y teología, actualmente en análisis en el CES.

Sin embargo, tenemos todavía algunos asuntos en los que avanzar, como el ofrecer más formaciones interdisciplinares, pues una es muy poco, el desarrollo de programas de doble titulación, especialmente en el espacio de la AUSJAL,  un incremento significativo de la educación virtual, la virtualización de algunas asignaturas en la educación presencial, efectivas oportunidades de movilidad estudiantil nacional e internacional que beneficien al mayor número posible de estudiantes, por mencionar solo algunos desafíos pendientes.

3.- INVESTIGACIÓN

En cuanto a la investigación, la principal y más englobante sugerencia es el hacer de esta actividad el sustento de programas y carreras. Esta sugerencia está directamente relacionada con nuestro Oe 6, que es “promover la investigación y producción científica, con un enfoque innovador, para el desarrollo del conocimiento y la resolución de problemas globales y locales”.

El Consejo Superior entendió bien esta responsabilidad que, sin exageración, podemos llamar histórica. En su sesión del 8 de mayo del presente año, El Consejo aprobó doce conjuntos de políticas, precedidas por dos llamadas de orientación general, la primera de las cuales dice lo siguiente: “la PUCE propenderá a ser una universidad de docencia con investigación que concede igual importancia a la vinculación con la colectividad. La investigación es el pilar del fortalecimiento de la docencia, el crecimiento institucional y la vinculación con la colectividad”.

Esta política apenas ha sido notada por la comunidad y sin embargo es de gran trascendencia para el futuro de la PUCE. Significa, ante todo, identificar un nuevo norte académico para nuestra institución. En los hechos, han sido las carreras de grado las que han marcado el ritmo de nuestro desarrollo. Luego han venido los posgrados, que han sido como extensiones de las carreras, y finalmente hemos dejado algún lugar a la investigación, como una actividad opcional y reservada a pocos. Por diversas razones entendibles en su momento, nos constituimos como una universidad sobre todo profesionalizante. Ahora los tiempos nos piden dar la vuelta a estas prioridades. A la cabeza del tren irá ahora la generación de conocimiento. A ella se engancharán los posgrados de investigación y profesionalizantes, y finalmente las carreras de grado.

Para esta revalorización del lugar de la investigación en nuestra universidad ayudará muchísimo el haber consensuado en las seis sedes los dominios académicos y líneas de investigación. Por otra parte, reposicionar la investigación supone algunas medidas para que no quede en mera declaración. La primera y más fundamental es la estructura académico administrativa que conviene a este tipo de universidad. Los especialistas nos dicen que una estructura en torno a campos de conocimientos, llámense departamentos u otra cosa, es la más adecuada, a diferencia de una estructura con base en profesiones, como es la actual organización por facultades.

Pero la dificultad mayor se encuentra en su costo: una universidad centrada en la investigación cuesta más que aquella que enfatiza la docencia de grado y posgrado. ¿Quién paga las silenciosas y no siempre productivas horas del investigador? Que los aranceles de los estudiantes cubran los gastos de la docencia de la cual se benefician directamente, es lo correcto, pero ¿la investigación de los docentes? Si decimos que la Universidad debe hacerlo, ¿de dónde obtendrá los recursos necesarios si todavía no hemos descubierto la piedra filosofal que transforma el plomo en oro? Las cuestiones de sostenibilidad son quizás las más críticas a la hora de optar por la investigación, porque de su conveniencia en sí misma nadie duda. Por esta razón no hemos respondido con la celeridad esperada a sugerencias tales como identificar a los mejores investigadores y asignarles suficiente tiempo para la investigación, crear laboratorios o centros de investigación interdisciplinares, o publicar las mejores tesis de estudiantes, con sus tutores, a fin de aumentar la producción científica.

4.- VINCULACIÓN

No recibí muchas sugerencias sobre vinculación con la colectividad, pero sí una de mucho valor que dice lo siguiente: “Considerar a la vinculación como estrategia para la docencia y para la investigación, no como función aparte”. Su valor consiste en que propone un camino para implementar una segunda sugerencia, que de hecho se recoge en el lineamiento “impacto social” de nuestro Plan Estratégico: “Aumentar el impacto de la PUCE en la mejora de la calidad de vida de las personas y comunidades”.

El impacto social que buscamos, el propósito transformador de nuestro quehacer, se consigue a partir de lo que somos: una comunidad comprometida con la investigación y la docencia. Por esto, no debemos entender las tres funciones sustantivas de la universidad como si fueran tres campos de acción autónomos y de igual naturaleza. Ya se dijo que la PUCE está reconstituyéndose como una universidad donde la investigación determinará en buena medida la docencia; es decir como una institución que investiga, enseña lo que investiga y enseña a investigar, para decirlo de manera bastante sintética y sin disminuir de ninguna manera la formación profesional que necesitan nuestros estudiantes y el país.

En este sentido, la vinculación con la colectividad es en nuestro modo de hacer investigación y docencia. No es una actividad distinta que deba expresarse en un conjunto aparte de programas de “intervención social”, o de “acción humanitaria”, como suele decirse. Nuestra manera de servir al país consiste en realizar investigación y docencia asumiendo que pertenecemos a un contexto humano y ambiental concreto, condicionado por estructuras sociales injustas, pero también capaz de emancipación y crecimiento humano.

Es verdad que siempre habrá necesidad de acciones humanitarias como expresión de la solidaridad personal e institucional ante el sufrimiento humano, y siempre fomentaremos la divulgación de los conocimientos, los eventos académicos y la acción social directa como la vía corta de nuestro compromiso social. Recordemos con orgullo que la PUCE ha recibido dos premios de la SENESCYT por sus logros en vinculación de los años 2015 y 2016. Recordemos también que hace un año fuimos sede paralela del encuentro Habitat III. No obstante, por ser pontificia, católica y ecuatoriana esta universidad inscribe el servicio a la sociedad en el corazón mismo de su misión académica, no lo considera un entretenimiento ocasional para las horas huecas ni mucho menos un mero requisito para la acreditación institucional.

5.- AMBIENTE Y COMUNIDAD UNIVERSITARIA

Esta sección recibió no pocas sugerencias, de muy diverso calibre. Van desde las que piden un restaurante para los profesores hasta las que solicitan que se desarrolle en la comunidad una sana actitud de autocrítica. En lugar de responder una a una, y sabiendo que en este campo es difícil elegir una que podamos llamar emblemática, me referiré a algunos avances y a ciertos desafíos todavía por enfrentar.

La PUCE cuenta desde febrero de este año con un reglamento de personal docente y escalafón que ofrece mejores garantías para la actividad académica. Debo reconocer que todavía estamos trabajando en lo correspondiente para el personal administrativo y de servicios, quienes tienen todo el derecho de visualizar las oportunidades de ascenso y promoción que les ofrece la universidad.

Otro logro digno de destacar es la creación de comités de ética en todas las sedes. Por lo que conozco de nuestra sede Matriz, el comité de ética recibe y procesa una gran cantidad de asuntos, lo cual no debería verse como un repentino incremento de dificultades internas sino como una prueba de la necesidad que teníamos de un espacio para abordar asuntos delicados que contradicen nuestros valores. Recordemos que a esta sede concurrimos diariamente un estimado de 17.000 personas, lo que nos convierte en un pequeño pueblo – como San Miguel de los Bancos – donde lamentablemente ocurren incidentes que debemos atender.

En este punto es bueno saber también que desde hace algunos meses venimos trabajando en la elaboración de un protocolo para enfrentar los problemas de violencia que aquejan a la comunidad, empezando por la violencia de género, pero con la intención de incluir finalmente todos sus aspectos preocupantes. Por razones metodológicas hemos empezado colaborando con los estudiantes, la población más numerosa de nuestra comunidad, e involucrando en esta construcción a la mesa de género, las facultades de jurisprudencia y sicología y sus respectivos consultorio jurídico y centro de sicología aplicada, el comité de ética, y las direcciones de vinculación, pastoral y salud ocupacional. En un segundo momento pediremos la ayuda de las asociaciones de docentes y de trabajadores a fin de presentar un primer resultado el 25 de noviembre, día de la violencia contra la mujer.

Otro avance en este ámbito es el buzón de sugerencias, inconformidades y felicitaciones, que opera desde el 24 de marzo de este año. Esperamos que así como las autoridades permanecemos atentos a lo que pueda decirnos este buzón, la comunidad entera recurra a él como canal privilegiado para comunicarnos lo que a su juicio va o no va en la universidad.

6.- ESTUDIANTES

Hace dos años algunas sugerencias se refirieron también a los estudiantes, incluyendo los jóvenes que se interesan por nuestra universidad.

Se nos pidió, con mucha razón, ser más creativos a la hora atraer a jóvenes a nuestro proyecto educativo, algo que tiene también su correlato en nuestro plan estratégico. Flexibilizar las fechas de inscripciones, recurrir a la tecnología para los exámenes de ingreso, ofrecer más plazas en los cursos de nivelación son algunas de las sugerencias que ya están implementadas. En los últimos meses hemos mejorado notablemente estos procesos al punto que ahora mismo el curso de nivelación cuenta con más de 500 estudiantes y, lo que es más importante, su aprobación equivale a la aprobación del examen de ingreso, gracias a una reforma del reglamento de estudiantes. Hay que reconocer, sin embargo, que todavía está pendiente el conseguir convenios con colegios reconocidos de modo que sus mejores estudiantes reciban incentivos interesantes para ingresar a nuestra universidad.

La situación económica de estudiantes actuales y futuros es algo que preocupaba y sigue preocupando a nuestra comunidad porque afecta su ingreso o permanencia en nuestras aulas. Debemos recordar que la sede Matriz congeló los aranceles desde el segundo semestre del año lectivo 2015 – 2016, hasta el segundo semestre del año lectivo 2017 – 2018. Por cinco semestres el valor de los aranceles se mantiene igual en la sede Matriz a pesar que las normas del CES nos facultan a incrementarlos según el porcentaje de la inflación. Aún más, estamos buscando por todos los medios posibles optimizar la programación académica y las demás operaciones para reducir los costos de las carreras, y con ello los aranceles, sin afectar la calidad de la enseñanza. Todos los esfuerzos administrativo-financieros, que no siempre son entendidos ni apreciados por docentes e investigadores, se resumen en esta máxima: ser más eficientes para ser más incluyentes.

Es natural que se piense en las becas como una forma de reducir las barreras de ingreso, y así lo muestran otras sugerencias y nuestra continua reflexión sobre el tema. Obviamente, desearíamos incrementar el monto de las becas que actualmente ofrecemos y crear muchas más. Sin embargo, la simple verdad es esta: de alguna manera tienen que pagarse los estudios de los estudiantes becados. De algún lugar tiene que salir el financiamiento para cubrir los beneficios que reciben quienes con justa razón los merecen.

Para responder a esta cuestión estamos trabajando en varios frentes. Primero, en atención a un pedido del Consejo Superior, estamos conformando un fondo de becas que se alimentará de dos maneras: con aportes privados, como, por ejemplo, la hacienda de caña de azúcar que tan generosamente nos donó la señora María Batallas en el año 2016, y con los rendimientos que generen nuestros centros de vinculación con la colectividad, allí donde las prácticas pre-profesionales no sean su principal objetivo. Me refiero al laboratorio de suelos, el CESAQ, el Diserlab y otras iniciativas igualmente reconocidas por su profesionalismo.

El segundo camino que hemos tomado para mejorar el financiamiento de las becas es la reorganización de nuestro actual sistema de beneficios. La reforma del reglamento de estudiantes en junio de este año permite que hablemos de cinco categorías de becas: Socio-económicas, De inclusión, Académicas, De desarrollo integral e Institucionales. Hasta ahora hemos estandarizado los porcentajes de descuento en todos los casos excepto en la llamada beca laboral, que pertenece a la categoría de becas institucionales. Bien sabemos que éste es un asunto sobre el cual todavía queda mucho por hablar y acordar entre autoridades, docentes y trabajadores.

7.- SOSTENIBILIDAD Y AGILIDAD

Nuestro proyecto educativo requiere medidas urgentes y creativas para garantizar su sostenibilidad. De esto tenemos plena conciencia a tal punto que la sostenibilidad y la agilidad son dos lineamientos generales del Plan Estratégico que garantizan respectivamente las condiciones materiales y culturales de la continuación y expansión de nuestro proyecto. Las ideas sugeridas en este ámbito abundan, pero solo evocaré un par de puntos dada la imposibilidad de referirme a todas ellas.

El Consejo Superior aprobó el 15 de diciembre del 2015, apenas iniciado mi período, una serie de medidas de sostenibilidad que nos hemos esforzado en cumplir. Nos pidió una gestión más eficiente de los aspirantes, la puesta en marcha de cursos de nivelación “en su máxima capacidad”, el aumento de cursos abiertos, su estandarización y reglamentación, y una serie de medidas laborales a fin de reducir los costos sin afectar los derechos de nuestros colaboradores, además de otras decisiones igualmente importantes. No pudimos implementar a cabalidad todas estas medidas en el año 2016, como se pensó en un inicio, pero ninguna de ellas ha sido desatendida desde entonces. En ocasiones recibimos buenas noticias como el saber que en el primer año de gestión, al cierre de los Estados Financieros, logramos reducir el déficit en un 80% como resultado de la correcta aplicación de políticas y regulaciones.

Lo importante es que las autoridades continuamos trabajando con plena conciencia del contexto económico difícil que afecta a nuestros colaboradores y estudiantes. Tengan la seguridad que actuamos con realismo pero también con sensibilidad ante las necesidades de nuestra comunidad.

En este punto es bueno caer en la cuenta que hasta el 2015 la sede matriz Quito y las otras Sedes funcionábamos prácticamente como seis universidades autónomas. Gracias a la común voluntad de los prorrectores y prorrectoras empezamos un proceso nada fácil de articulación como un solo sistema que, aunque tomará todavía algunos años, nos está dando un nuevo sentido de común identidad y misión. Una muestra alentadora de esta articulación es el hecho que por primera vez en la vida de la PUCE los Estados Financieros de los años 2015 y 2016 fueron consolidados y auditados por una reconocida empresa internacional, ejemplo que estamos replicando en otros aspectos como el presupuestario, la gestión de información, la elaboración de política y reglamentos, etc.

Así como la sostenibilidad nos pone a pensar, también lo hace la agilidad que necesitamos imprimir a las operaciones y al servicio que prestamos. Hoy somos una somos una comunidad de aproximadamente 28.000 personas en ocho ciudades del país, que experimenta un acelerado proceso de reorganización académica, administrativa y sistémica, si cabe el término. En cierta revista empresarial descubrí que la PUCE es considerada el 35º empleador privado del país, por el número de sus colaboradores. Todo esto nos requiere organización y disciplina y sobre todo que nos dotemos de herramientas tecnológicas a la altura de nuestras ambiciones. Mientras más alto queramos llegar, mientras más influyentes queramos ser, mejor afinados deben estar nuestros instrumentos de trabajo. Por esto, el principal esfuerzo para conseguir la agilidad, y con seguridad el más osado en muchos años, es la reorganización de nuestros procesos clave y el cambio de plataforma informática, un proyecto que hemos convenido en llamar PUCE MAS. Sobre esto hablaremos a continuación, de modo que no diré más al respecto.

CONCLUSIÓN

He procurado presentar el estado de la universidad tal como lo percibo al cabo de dos años en mi actual responsabilidad. Han aparecido algunos logros, otros temas todavía pendientes y no pocos desafíos para el futuro. Como método de exposición he recurrido a las sugerencias que recibí hace dos años, pero exponiéndolas y comentándolas libremente.

He rehuido las cifras, pero ahora mencionaré unas pocas. Según mis cálculos y sistematización recibí 69 sugerencias relativas a los 7 ámbitos abordados en mi exposición. Puedo decir que 52 de ellas han sido atendidas y 17 todavía están pendientes; es decir el 75% de lo sugerido ha sido y es objeto de nuestro trabajo diario hasta la fecha.

Por otra parte, los nueve objetivos del plan estratégico coinciden con lo que las sugerencias piden que atendamos. Esto significa que la comunidad descubre prácticamente los mismos desafíos cuando piensa espontáneamente que cuando reflexiona sistemática y programáticamente. Llegamos a las mismas conclusiones cuando hablan los que quieren que cuando hablan los que deben, y esto me reconforta y hace ver que existe una buena sintonía en el modo como percibimos, desde ángulos diferentes, lo que somos, hacemos y queremos llegar a ser.
En mi informe de mayo señalé seis retos institucionales que son a la vez compromisos, y que no voy a repetir ahora. Estoy convencido
que tenemos hoy todos los recursos humanos y materiales para cumplirlos y proyectarnos todavía más allá, aunque nos tome tiempo y esfuerzo. Todo depende del carácter que con el que sepamos marcar lo que diariamente pensamos y hacemos.

Cuenta una historia que en un pueblo europeo medieval un hombre se paseaba tranquilamente entre obreros. Al primero que vio le pregunto: ¿qué estás haciendo? Este respondió: tallando una piedra. Al segundo que encontró le preguntó también: ¿qué estás haciendo? Éste contestó: ganándome la vida. Al tercero y último también le preguntó: ¿qué estás haciendo? Este obrero respondió: estoy construyendo una catedral. Les dejo que concluyan.

martes, 27 de junio de 2017

Incorporaciones en PUCE-QUITO

Fernando Ponce León, 23 de junio 2017

El día de hoy, queridos jóvenes, ustedes dan un paso trascendental. Dejan de ser estudiantes, y pasan a ser algo más que graduados; pasan a formar parte del cuerpo compuesto por profesionales de la rama del saber que ustedes eligieron. Por esto el nombre del evento: incorporación, es decir integración en un cuerpo o colectivo al cual tienen hoy todo el derecho de pertenecer, y en el cual participarán de manera destacada gracias a la formación recibida en nuestra universidad.

Con esta incorporación dejan nuestras aulas y se llevan con ustedes un gran tesoro llamado conocimiento a la siguiente etapa de su vida. Al igual que pasa con todas las riquezas, la posesión de este tesoro implica una gran responsabilidad, y sobre esto quisiera hablar brevemente esta tarde. Mi intención es compartir con ustedes seis claves, o ideas básicas, sobre el conocimiento según el pensamiento social de la Iglesia, que es el que caracteriza nuestra universidad. Seguramente repetiré muchas cosas que ustedes ya saben, pero creo que el presentarles esta síntesis es nuestra manera de contribuir al éxito personal y profesional, que de todo corazón lo deseamos.

A riesgo de simplificar, diré que el pensamiento social de la Iglesia sobre el conocimiento y la educación puede resumirse de la siguiente manera.

En primer lugar, y como punto de partida, hay que afirmar que el conocimiento es una nueva forma de riqueza. En la sociedad de la información y conocimiento en la que vivimos, el saber especializado se ha convertido en el principal factor para la generación de la riqueza personal y social, y aunque no ha reemplazado totalmente a otros factores, como la tierra, la producción industrial, o el capital financiero, ha llegado a ser un bien altamente cotizado por empresas y gobiernos en todo el mundo.
En segundo lugar, el conocimiento y la educación importan porque pueden contribuir a una vida plena y realizada. Para algunos, el único valor del conocimiento es su capacidad de contribuir a la generación de riqueza, tal como acabo de decirlo. Pero diversos estudios sobre el desarrollo muestran que además de aquello, que en sí no tiene nada de condenable, el conocimiento expande las capacidades y oportunidades de las personas y contribuye a su calidad de vida. El conocimiento agranda nuestra visión del mundo y puede hacernos mejores personas, no solo mejores y más eficientes generadores de riqueza.

En tercer lugar, el conocimiento conlleva exigencias éticas. Nótese bien que en el párrafo anterior dije que el conocimiento puede contribuir, y no que contribuye ipso facto, a la plenitud humana. Esto es así porque con el saber que producimos y acumulamos pasa lo mismo que con cualquier instrumento: su valor no está en sí mismo sino en el uso que le demos. Por esta razón, quien sabe no es más que quien no sabe por el solo hecho de haber pasado por la universidad, pero sí puede hacer más cosas o conseguir mayores logros para sí y para la sociedad con este magnífico instrumento que es el saber. Pero también puede resultar lo contrario, es decir que el conocimiento mal utilizado o mal administrado produzca personas intelectualmente ricas, pero humanamente miserables.

En la visión del Papa Francisco, la principal exigencia ética del conocimiento al momento actual es contribuir al desarrollo sostenible de los pueblos de la tierra. La ciencia nos proporciona hoy suficientes certezas sobre el grado de deterioro del planeta, y sobre las amenazas que afectan a muchas especies de seres vivientes, incluida la nuestra. Es un deber humano y cristiano orientar nuestras investigaciones y saberes a preservar la habitabilidad del planeta como casa común para todos sus inquilinos. Esto ya no es una opción que libremente se pueda seguir o no, sino una necesidad de sobrevivencia, aunque bien sabemos que los políticos muchas veces anteponen sus intereses inmediatos a los intereses de largo plazo de la humanidad en su conjunto.

En cuarto lugar, el conocimiento es un componente esencial del bien común. En los estudios sobre el desarrollo es común hablar del bien común y de los bienes particulares. El primero es un concepto que la Iglesia ha integrado en su pensamiento social desde sus inicios, y quiere decir “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”. (Concilio Vaticano II, 1965, n. 26). Es decir, para el pleno desarrollo de sociedades y personas, son necesarias ciertas condiciones esenciales, como la salud, la integridad física, el respeto a los derechos humanos, la democracia y, como lo sostiene el pensamiento social cristiano y muchos más, la educación y el conocimiento.
Esto implica que el acceso a la educación y al conocimiento es un asunto de justicia social, si realmente creemos que el desarrollo integral es para todos; no se trata de bienes particulares que cada persona debe procurarse como pueda y en la medida en que pueda.

En directa relación con lo anterior está la quinta afirmación: el conocimiento es un bien público. A diferencia de lo que sucede con los bienes llamados privados, la distribución de los conocimientos y saberes acumulados por nuestras sociedades no disminuye al distribuirse ni perjudica a quienes ya lo poseen, como sí podría pasar con una bóveda de lingotes de oro, por ejemplo. Se puede decir incluso más: esta riqueza llamada conocimiento tiene la particularidad que puede producir más beneficios sociales cuanto más se distribuye entre más personas. En consecuencia, es la sociedad en su conjunto quien debe gestionar la producción y el acceso de todos al conocimiento, no las leyes del mercado, las cuales sí pueden mostrarse útiles para la distribución de los llamados bienes privados. Como bien decía el Papa Juan Pablo II, al analizar el nuevo orden capitalista posterior a 1989, el mercado tiene sus límites. “Existen necesidades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas mediante sus mecanismos; hay exigencias humanas importantes que escapan a su lógica; hay bienes que, por su naturaleza, no se pueden ni se deben vender o comprar” (Juan Pablo II, 1991, n. 40). Entre estas necesidades, se encuentran indudablemente el conocimiento y la educación.

Las afirmaciones anteriores llevan a la sexta y última: la educación es un derecho humano. Si el conocimiento puede contribuir a la expansión de las capacidades humanas, si es condición esencial para el desarrollo de personas y sociedades y si, además, no merma al ser distribuido, entonces es un derecho para toda persona humana. Acceder a los conocimientos actuales de una sociedad es algo que se debe a cada persona por el solo hecho de ser humano y poseer la misma dignidad que el resto. La educación y el conocimiento no son mercancías, no son favores que entrega el bondadoso Estado o las compasivas sociedades de beneficencia; son derechos desde el punto de vista del cristianismo y de cualquier otro pensamiento igualitarista como el nuestro.

El Concilio Vaticano II así lo afirma cuando, en su declaración sobre la educación cristiana, dice que “todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto partícipes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable a una educación que responda al propio fin, al propio carácter, al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz” (Concilio Vaticano II, 1965b, n. 1). De manera mucho más directa, el Papa Juan Pablo II coloca explícitamente en su lista de derechos humanos “el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad” (Juan Pablo II, 1991, n. 47).
Queridos jóvenes y padres de familia: al hablar del conocimiento he comenzado refiriéndome al valor que tiene para cada individuo y he terminado refiriéndome a su valor social. No puede ser de otra manera porque las personas somos al mismo tiempo individuos y miembros de una sociedad, y justamente por esto la PUCE ofrece una formación que refuerza la integralidad de la persona. 
Al presentarles esta síntesis en seis puntos he querido simplemente atraer su atención sobre el gran instrumento que se llevan a la siguiente etapa de su vida un instrumento cuyo uso y valor será su responsabilidad. El último pedido que les hace la universidad es que sean agradecidos con sus padres, con sus profesores y con la sociedad ecuatoriana: todos ellos crearon las oportunidades que ustedes supieron aprovechar, como hoy se demuestra. Y que de su corazón agradecido nazca un compromiso para que más ecuatorianos y ecuatorianas accedan a la riqueza que hoy ustedes merecidamente disfrutan.

Que el Buen Dios les acompañe en el futuro, así como ha sabido bendecirlos con el éxito bien merecido por el cual hoy todos nos alegramos. Muchas gracias por su atención.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Homilía por los 70 Años


Las lecturas del día de hoy nos hablan de gratitud, satisfacción por lo que Dios ha hecho por nosotros, esperanza en el futuro, sentimientos que todos compartimos en este día de celebración.

¿Pero qué pasó exactamente hace 70 años y qué celebramos en concreto? El 2 de julio de 1946 el presidente Velasco Ibarra aprobó mediante decreto la creación de universidades particulares. El 6 de agosto el ministerio de Educación aprobó los estatutos de la Universidad Católica. El 26 de septiembre el mismo ministerio autorizó el funcionamiento del primer curso de la facultad de jurisprudencia. El 4 de noviembre a las 8 am se tuvo la misa inaugural, y a las 11 am, el acto académico por el inicio de actividades. El 5 de noviembre 52 jóvenes empezaron clases en la facultad de jurisprudencia, la única entonces.

Celebramos entonces un acontecimiento que no se limita a algunas fechas puntuales, aunque el día tradicional sea desde entonces el 4 de noviembre. Pero lo que aconteció no fue únicamente la fundación de nuestra universidad sino algo más que nos descubre la mirada de fe. Hace 70 años, Dios suscitó un pequeño grupo de laicos que tomaron muy en serio el mandato del Señor resucitado: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”, y lo tradujeron al campo de la educación superior, con los magníficos resultados que conocemos.  Los 52 estudiantes iniciales se han transformado en aproximadamente 36.500 graduados hasta el día de hoy solo en Quito, y los modestos inicios en la casona de la calle Bolívar dieron paso a una sólida universidad que no se ve con indiferencia en el país.

Al igual que entonces, quienes vivimos la universidad de hoy, somos parte de un proyecto que nos trasciende, y que el evangelio de hoy explica como la misión de Jesús. En efecto, Nuestro Señor recibe de su Padre una misión e invita a sus seguidores a participar en esta misión. Estos seguidores no son ni dueños ni protagonistas de la misión, sino simples co-laboradores de Jesús en su misión de construir el Reino de Dios en la tierra.

Ser parte de un proyecto más grande que nosotros mismos me parece que es la actitud de fe que puede llenar de sentido semanas y semanas de trabajo duras y aburridas. Además de la frase que dirige Jesús a sus discípulos, “sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos”, hemos de apoyarnos siempre en la certeza que la PUCE no está para cosas pequeñas ni para llenar de profesionales el “mercado laboral”, como se dice. Nuestra universidad se define por un objetivo transformacional en la vida de las personas y de la sociedad, y si dejamos de ser eso, quizás sigamos siendo universidad, pero dejaremos de ser universidad católica.

Por todo esto, celebremos y agradezcamos el haber sido invitados por Dios a ser colaboradores de su misión transformadora mediante esta institución llamada universidad.  Si la universidad es para nosotros un mero lugar de trabajo, sin duda nos irá bien, y alcanzaremos una feliz jubilación como tantos otros que nos precedieron, y esto está muy bien. Pero si la universidad se convierte en nuestro espacio de realización como personas y cristianos, como discípulos y misioneros de Jesús, entonces podremos escuchar a San Pablo diciéndonos lo que decía a los filipenses de su tiempo: “Estoy convencido que Dios que comenzó en ustedes una obra tan buena, la llevará a feliz término para el día en que Cristo Jesús se manifieste”.

lunes, 31 de octubre de 2016

PUCE Quito. Incorporaciones

   La culminación de los estudios universitarios es uno de los mejores momentos de la vida. Cierra una etapa e inicia otra en el irreversible camino hacia la madurez humana. Con el acto académico de esta noche, queridos jóvenes, ustedes no solo se incorporan a sus respectivas profesiones. Ustedes atraviesan hoy una puerta sobre la cual no volverán, y esto seguramente los marcará de por vida.
Ante todo los felicito por haber llegado felizmente al término de este esfuerzo, y por haberlo hecho por sus propios méritos. Consiguieron lo que se propusieron y ahora están listos para apuntar a horizontes de mayor altura. 

   Además de felicitarlos, deseo compartir con graduados y familiares una reflexión sobre lo que me parece importante que recuerden de estos años. Al finalizar una etapa de la vida, todos hacemos el balance de lo que debemos dejar y de lo que conviene llevar a la siguiente etapa. Por esto quiero invitarlos a pensar en una de las características esenciales de nuestra universidad que espero los haya marcado a fondo en estos años y les sirva para orientar sus vidas en el futuro próximo y lejano.
Sabemos que la PUCE es una universidad católica. Sin embargo, de tanto oírlo apenas significa algo ahora. Con el adjetivo “católico” o “católica” pasa lo mismo que con muchas palabras grandes e importantes: su continuo uso y abuso termina por  desgastar la palabra.

   Es bueno entonces que nos preguntemos: ¿Puede una universidad ser “católica” o basta con que sea únicamente universidad? Sí parece razonable hablar de moral católica o religión católica, porque estas expresiones describen un tipo especial de religión o un cierto enfoque moral relacionado con una religión. Pero hay ciertas realidades a las cuales no cabe aplicar el adjetivo “católico” porque nos sonaría mal, nos resultaría impropio. Hablar de “matemáticas católicas” o de una “autopista católica” no tiene sentido, si se quiere hablar en serio. Para que las palabras todavía signifiquen algo hay que cuidarse de abusar de ellas.

 Pues bien, para algunos la universidad católica pertenece a este tipo de realidades: es un contrasentido porque la universidad – es lo que nos dicen – debe ser universidad, sin adjetivos. Llamarla “católica”, “libre”, “popular”, no solo que no añadiría nada sino que desvirtuaría la substancia de esta institución milenaria.

  Yo quiero sostener que una universidad puede ser al mismo tiempo universidad y católica. Puede ser lo uno sin dejar de ser lo otro. Debo aclarar de entrada que no entiendo por universidad católica una universidad para católicos o una empeñada en convertir a estudiantes indecisos en católicos fervientes. Luego del cambio de mentalidad en la Iglesia y en razón del Estado laico en que vivimos, la Iglesia defiende el derecho humano a la libertad de creencia, de manera que admitimos alumnos independientemente de sus convicciones religiosas o filosóficas. Hacerlo así sería no solo discriminatorio sino nada católico. 

  Tampoco es cierto que el objetivo de una universidad católica sea el convertir sus estudiantes al catolicismo. Del mismo modo que sería discriminatorio admitir estudiantes en función de sus creencias, sería atentatorio a los derechos humanos el presionarlos para que adquieran una determinada religión. Tanto más cuanto la fe es una decisión libre y personal. Si así se hiciera, la institución sería muy católica pero poco o nada universitaria. De hecho, a las seis sedes de nuestra universidad asisten estudiantes de diversas orientaciones religiosas o filosóficas o ninguna en particular, y todos ellos son tratados con la misma consideración y respeto por la institución, como es propio de una institución moderna y de cultura democrática. 

  ¿Cómo entonces una universidad puede ser católica sin dejar de ser universidad? Quiero sostener que católica será aquella universidad que forme al estudiante a ejercer su profesión de un determinado modo y con un sentido bien definido. La catolicidad no le viene por las carreras o asignaturas que enseñe, al menos no en primer lugar, ni por el prestigio que adquiera o los temas que aborden sus publicaciones, sino por la propuesta de sentido con la que se identifique y que ofrezca a los profesionales que se forman en sus aulas.

  En mi opinión, lo católico y cristiano puede resumirse en estos tres objetivos vitales y laborales: amar más, contribuir a reducir el sufrimiento y crecer juntos en humanidad.

  Vivimos en sociedades divididas, con individuos solos que pueblan un mundo roto. El planeta necesita ser reconciliado en estas tres dimensiones: social, personal y ambiental. Quien se considera católico o católica debe practicar y predicar esta actitud que San Juan Pablo II define como la constante voluntad de buscar el bien del otro. Para simplificar, la tradición católica la ha llamado “amor”, pero esto siempre trae el riesgo de identificar esta actitud con un afecto o sentimiento. Sin embargo, el amor en clave cristiana es también solidaridad, perdón de los enemigos, compromiso con las grandes causas, responsabilidad con las generaciones futuras, y sí, también relaciones afectivas y maduras de pareja o de amistad. 

  En el mundo en que vivimos el sufrimiento existe y es inevitable. Podemos ocultarlo cambiando de canal o sublimarlo buscándole una explicación atribuible a Dios, el destino, la mala suerte, el karma o quién sabe qué entidad sobre natural. Hay que erradicar el sufrimiento en la sociedad y en nosotros mismos, y esto es también parte de la cosmovisión cristiana, más aún cuando la sociedad cuenta con una enorme panoplia de medios técnicos y científicos para hacerlo. Y cuando la erradicación se vuelve imposible, porque así es, todavía hay que combatirlo manteniéndonos dignos ante las diversas fuentes del sufrimiento humano. Contribuir a la disminución del sufrimiento es el segundo objetivo vital del cristiano católico.

  Por otra parte debemos reconocer que esta sociedad es despiadada. En este momento, si no ha sido antes, seguramente ya han descubierto el poder de las muchas fuerzas destructoras a las que estamos expuestos: desde nuestros propios demonios interiores hasta las costumbres y valores de una sociedad que valora la acumulación material por encima de todo. Pues bien, crecer como seres humanos, y crecer juntos, apoyándonos unos a otros, es el tercer objetivo de una actitud vital que se puede considerar católica. En nuestro modelo formativo llamamos a esta objetivo la formación integral porque no podemos promover lo que yo llamaría la hipertrofia profesional: sujetos con grandes cabezas pero con pobres corazones, con hábiles manos para hacer dinero pero torpes para ofrecerlas a los caídos en el camino. 

  Ahora bien, ¿qué tiene que ver nuestra universidad con todo lo dicho hasta aquí? He querido decir fundamentalmente dos cosas. Primero, que el profesional que sale de nuestras aulas será uno de los mejores del país y encontrará trabajo con toda seguridad. Una encuesta de Cedatos con fecha 2015 nos dice que nuestros graduados tienen el 97% de empleabilidad. Para esto somos universidad, y por esto somos una de las mejores del país. 

  En segundo lugar, aspiramos al mismo tiempo que nuestros estudiantes y graduados hagan de su ejercicio profesional su contribución a un mundo donde sea posible amar más, sufrir menos y crecer juntos en humanidad. En este sentido la universidad se reconoce abiertamente católica. No por proselitista, como ya lo expliqué, sino porque fomenta un modo particular de ser profesional y persona humana.

  Permítanme insistir un poco más sobre esta idea. Lo propio de los profesionales que se gradúan en la Universidad Católica no es la combinación entre actividad profesional por un lado y servicio social o voluntariado o actividad filantrópica, por el otro; todo esto está bien, pero no marca lo esencial de nuestro modelo formativo. No es nuestro interés sugerirles que trabajen duro de lunes a viernes y el sábado lo reserven para visitar niños enfermos. Lo característico de nuestros graduados, al menos tal es nuestra aspiración, es que hacen del ejercicio profesional una herramienta, su herramienta para inventar un mundo más amable, menos brutal y donde quepan todos. 

  Queridos jóvenes: hoy ustedes dejan la universidad para siempre. Pero la esperanza de quienes nos quedamos como docentes o administrativos es que la universidad no los deje nunca, que ustedes se lleven en sus maletas tanto su dimensión universitaria, como su sello católico, tal como he intentado explicar. 

  Dicen los expertos que el mundo avanza tan rápido que los conocimientos de la humanidad quedan obsoletos cada cinco años. Si de la universidad se llevan solo conocimientos, al cabo de cinco años estarán desactualizados, y gustosos los recibiremos para su segunda carrera. Pero si al cabo de estos años han aprendido que un mundo con más amor, menos sufrimiento y más humanidad es una buena razón para ser excelentes profesionales, del campo que sean, todos los esfuerzos de sus padres y docentes habrán valido la pena, y la universidad se sentirá muy honrada gracias a ustedes.

  Que el Buen Dios les acompañe en el futuro así como ha sabido bendecirlos con el éxito bien merecido por el cual hoy todos nos alegramos.

Muchas gracias por su atención.

Quito, 07 de octubre 2016
Cordialmente Fernando Ponce León, S.J.
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Rector

miércoles, 19 de octubre de 2016

"Visión empresarial de la universidad del futuro” evento por los 70 años de la PUCE

   Sean todos y todas bienvenidos esta mañana a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, bienvenidos a este evento que hace parte de la conmemoración de nuestros 70 años de servicio al país. De manera especial, muchas gracias a los distinguidos expositores porque nos ayudarán a entender un tema muy debatido pero no siempre profundizado con igual intensidad: la visión empresarial de la universidad del futuro.

   El título de este evento puede entenderse de tres maneras. En primer lugar parece que pregunta por la manera en que el mundo de la empresa ve a la universidad que vendrá. Sabemos que empresa y universidad son actores fundamentales de la sociedad civil, esencialmente distintos pero muy relacionados. Solo recordemos que el modelo que sigue la universidad ecuatoriana está inspirado en el llamado “napoleónico”, que es aquel que favorece una universidad formadora de profesionales. En este caso es fundamental entender qué esperan los empleadores de los profesionales que contratarán y que la universidad se encarga de preparar. Más importante todavía, es crucial saber cómo debemos formar a los jóvenes para que encuentren un trabajo y sean felices y exitosos en él. Dicho sea de paso, una reciente encuesta de Cedatos, con fecha 2015, dice que la PUCE tiene el 97% de empleabilidad, lo cual nos alegra pero no evita el que sigamos planteándonos estas dos preguntas.

   En segundo lugar, el título de este evento también podría significar que nos interrogamos por la visión empresarial que debería tener la universidad del futuro. Sin ser estrictamente una empresa, y obviamente no una empresa lucrativa, ¿qué puede aprender una universidad que se proyecta al futuro, como nosotros, de las técnicas de gestión, de los valores pragmáticos y de la orientación a los resultados que caracterizan idealmente una empresa? Estoy convencido que no somos una empresa en la medida que nuestra materia prima es el conocimiento, el cual es bien público y no es susceptible de compra y venta como cualquier otro servicio. Pero sí debemos tener comportamientos empresariales precisamente porque nuestra responsabilidad es grande. ¿Qué comportamientos de este tipo se compaginan con el paciente esfuerzo de crear conocimientos o estimular en los jóvenes las ganas de aprender? No hay fácil respuesta a esta pregunta.

   En tercer lugar, el título podría indicar que queremos conocer qué es tener visión empresarial en el contexto del futuro de la universidad. No  solo necesitamos saber cómo manejar eficazmente una universidad, en el sentido de la anterior interpretación, sino que queremos fomentar el emprendimiento como actitud catalizadora del aprendizaje futuro. La proliferación de las TICs tiene muchas cosas buenas, una de ellas es que facilita, para el que quiere, la proactividad en la búsqueda de información y en su transformación en conocimiento. ¿Qué espacio futuro le queda entonces al docente acostumbrado a “transmitir conocimientos”, como se suele decir?

   El tema de esta mañana da para mucho. Ya sea que ahondemos la relación entre universidad, trabajo y necesidades empresariales para el desarrollo del país, o que identifiquemos los mejores comportamientos empresariales adaptables a la gestión del conocimiento o que, finalmente, tratemos de la virtud emprendedora como vector del aprendizaje, son muchas las preguntas que el futuro de la universidad necesita abordar.

  Pero ustedes no han venido a escucharme y por esto aquí me detengo. Dejo ahora la palabra a nuestros ponentes: todos ellos han pasado exitosamente por la universidad y lideran con éxito empresas y asociaciones. Quién mejor que ellos para brindarnos luces sobre el tema de esta mañana y así honrar con su presencia e ideas el septuagésimo aniversario de nuestra fundación.
Muchas gracias por su atención.

Quito, 13 de octubre 2016
Cordialmente Fernando Ponce León, S.J.
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Rector

viernes, 14 de octubre de 2016

Diálogo entre Rectores - Evento por los 70 años de la PUCE

   Sean todos y todas bienvenidos esta mañana a la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, bienvenidos a este evento que hace parte de la conmemoración de nuestros 70 años de servicio al país. De manera especial, muchas gracias apreciados rectores porque gracias a su presencia y sus reflexiones hoy podemos decir que el 10% de las universidades del país compartirá sus esperanzas y temores de cara al futuro, de manera fraterna y académica, y esto no es un hecho banal en nuestra sociedad.



   Al escribir el título de este evento, dudamos sobre las palabras a utilizar. Un problema es una dificultad en el camino que hipotéticamente tiene solución, de modo que la actitud correcta es buscar esta solución para retirar el impedimento y seguir adelante en el trayecto. Una aporía es un camino que en sí mismo es una dificultad porque no lleva a ninguna parte. Un reto – el término por el que nos decidimos – significa también una dificultad en el camino, que también necesita ser resuelta, como el problema. Pero a diferencia de éste, el reto enfatiza el efecto que se produce en el descubridor de la solución, antes que en esta misma. Si vemos las dificultades como problemas nos concentraremos en buscar soluciones. Si las consideramos retos, nos enfocaremos en ser mejores –personas, grupos o instituciones – gracias al acto de resolver dificultades. En resumen, los problemas se solucionan, los retos nos vuelven mejores.

   Esta es entonces la pregunta subyacente tras el diálogo de esta mañana: ¿en qué, y cómo, vamos a mejorar nosotros, las universidades, cuando procesemos las cuestiones que nos agobian, presentes y futuras? Porque no se trata únicamente de sobre vivir respondiendo audazmente a los impedimentos en nuestro caminar, sino de vivir bien como universitarios íntegros, si me permiten parafrasear al filósofo Aristóteles. No se trata solo de mantener instituciones sostenibles en el tiempo, sino sobre todo de ofrecer al país mejores personas en todos los aspectos, sean docentes, gestores, investigadores, o estudiantes.


   Los cinco rectores que hoy nos acompañan son expertos en identificar problemas, en transformarlos en retos para sus instituciones y en resolverlos. Sus reflexiones son de mucha importancia para la Pontificia Universidad Católica del Ecuador porque nos darán luces sobre una pregunta que nos hace el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan?” (n. 160). Es verdad que no todos los retos de la universidad son igualmente de la sociedad, ni todos los retos societales son en la misma medida de la universidad. Pero sí es cierto que una mejor universidad, una que sale airosa de los problemas presentes y de los que podamos prever para el futuro, aportará notablemente a la construcción de un Ecuador mejor, para el caso de nuestras universidades.


   En este sentido, pensar la universidad no es un acto meramente teórico, sino un acto de compromiso cívico, de esos que tanta falta hacen hoy y siempre. 
Estimados amigos y amigas, dejo ahora la palabra a nuestros expositores a quienes agradezco nuevamente por su valiosa participación, con la cual honran nuestro septuagésimo aniversario de existencia. Gracias a todos por su atención.

Quito, 06 de octubre, 2016
Cordialmente Fernando Ponce León, S.J.
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Rector


viernes, 19 de agosto de 2016

El qué y el porqué de la Reforma del Artículo 30 de la LOES

El día 18 de agosto las universidades dichas cofinanciadas y la SENESCYT firmamos un acuerdo para presentar conjuntamente a la Asamblea Nacional una propuesta de reforma al artículo 30 de la LOES. El texto va en adjunto para que lo puedan leer y estudiar. En lo esencial, la propuesta de reforma apunta a un cambio en la forma de entregar recursos estatales a ocho universidades particulares que hoy recibimos rentas y asignaciones estatales. Antes, el Estado entregaba estos recursos según una fórmula que consideraba varios parámetros, entre ellos el número de estudiantes, la calidad académica, la eficiencia administrativa, con el compromiso de la universidad receptora de becar estudiantes de escasos recursos con estos fondos. Ahora, el Estado los distribuirá según el número de estudiantes de escasos recursos becados por la SENESCYT que se matriculen en las universidades cofinanciadas. En otro lenguaje, se pasa del financiamiento de la oferta al financiamiento de la demanda. 

¿Por qué la PUCE trabajó para alcanzar este acuerdo? Si el sistema funciona bien, y nos empeñaremos desde ahora en que así sea, más estudiantes de escasos recursos tendrán acceso al tipo de educación que ofrecemos a la sociedad. En razón de nuestros propios valores no podemos admitir que limitaciones socio económicas o sociales impidan que un importante número de jóvenes ecuatorianos reciban la formación humanística, integral y con impacto social de la que muchos se han beneficiado durante nuestros setenta años de servicio a la sociedad.

Las reuniones conducentes al acuerdo comenzaron con suspicacias de parte y parte, y seguramente no todas han desaparecido. Pero decidimos dar un paso en dirección del diálogo abierto y franco porque la confianza, por más frágil que resulte, construye mucho más que la sospecha, por sólida que parezca. Hoy tenemos un nuevo mecanismo de distribución de recursos que se probará en los actos, y sobre todo una forma de colaborar que pone por delante el objetivo común de la educación como bien público y reconoce las diversas maneras que tiene el Estado, la sociedad civil y las iglesias de contribuir a él. 

Quito, 19 de agosto 2016

Cordialmente

Fernando Ponce León, S.J.
Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Rector