jueves, 19 de abril de 2018

CUENTA Y RAZÓN 2017


CUENTA Y RAZÓN 2017


INFORME ANUAL ANTE EL CONSEJO SUPERIOR,
EL CONSEJO ACADÉMICO Y LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA


Dr. Fernando Ponce León SJ, 17 de abril 2018

Quiero en primer lugar agradecerles por su presencia porque así demuestran el aprecio e interés que tienen por nuestra universidad, lo cual nos alegra y honra a la vez.
Hemos comenzado hoy con el recuerdo de nuestros siete hermanos asesinados y con la expresión de nuestras condolencias a sus familias, porque el país está conmovido, y con él la Universidad. Lo sucedido indigna, pero no debe paralizarnos ni volvernos vulnerables a las manipulaciones de intereses antinacionales. Como universidad ecuatoriana que somos debemos renovar nuestro compromiso por la paz basada en la justicia y la unidad del país ante las adversidades. Es lo que haremos para que nuestra solidaridad con las víctimas sea auténtica y creíble.
INTRODUCCIÓN
Tengo mucho gusto en presentarles la actividad de la universidad a lo largo del año 2017. Dado que es innecesario, además de imposible, mostrar exhaustivamente todo lo realizado, quisiera centrarme en los ocho desafíos que la universidad debe enfrentar en el 2018 y en adelante.
Asumo este método expositivo porque detrás de los retos existe todo un recorrido institucional que los explica y justifica, que espero poder transmitirles adecuadamente. Además, mi presentación podrá ser completada con la información que se encuentra en el folleto y en la página web, donde se encuentran abundante información cuantitativa y cualitativa que no creo necesario repetir en su totalidad. 
Tengo dos notas preliminares. La primera es que el año 2017 fue un tiempo de redefiniciones institucionales. Una vez que el Consejo Superior de Educación aprobó las reformas al estatuto el 2 de septiembre del 2016, El Consejo Superior y el Consejo Académico desarrollaron un intenso trabajo de actualización de nuestra normativa interna. Aprobaron reformas a los reglamentos y elaboraron nuevas políticas generales, e iniciaron el estudio de otras reformas reglamentarias. Por mi parte, di paso al Modelo educativo de la PUCE y muchas normas procedimentales internas. Muchos de los cambios que estamos sintiendo se deben a estas redefiniciones institucionales.
En segundo lugar, podemos tener un vistazo general del año pasado si analizamos el cumplimiento de nuestros planes operativos. La planificación operativa alcanzó un 70,5% de cumplimiento a diciembre de 2017. Al ser el primer año que se ejecuta una planificación operativa amparada en la planificación estratégica a nivel nacional, el porcentaje alcanzado denota un trabajo en conjunto y resulta aceptable. Por otra parte, el presupuesto ejecutado representa el 45% del total presupuestado.
Vamos ahora sí a los desafíos.
Como bien saben, la universidad se organiza en torno a cuatro lineamientos generales: desarrollo integral de la persona, impacto social, agilidad y sostenibilidad. Los dos primeros condensan lo que entendemos como nuestra misión. El tercero y el cuarto se refieren a las condiciones para realizarla, condiciones culturales o actitudinales, el tercero, y condiciones materiales, el cuarto.
Seis de los ocho desafíos se relacionan con los dos primeros lineamientos, lo cual quiere decir que la universidad se focaliza principalmente en el cumplimiento de su misión, lo cual es alentador. Como bien nos decía hace poco el rector de la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, el jesuita Rafael Velasco, “el centro de la universidad está fuera de la universidad”, y creo que nuestra comunidad está asimilando progresivamente este ideal. En cuanto al séptimo y octavo desafíos, estos se refieren respectivamente al tercer y cuarto lineamientos.
El primero de los desafíos es articular más eficazmente los diversos programas que complementan la formación académica de grado y posgrado.
En marzo concluyó nuestro proceso de rediseño de carreras y de diseño de nuevas ofertas. Considerando solo los proyectos aprobados por el CES hasta diciembre, la PUCE ofrece al país 85 carreras y 18 programas, 17 de los cuales son especializaciones médicas.
Contra lo que podría parecer, nuestra oferta académica no ha disminuido, porque existe un buen número de carreras y programas en elaboración y otros en espera de aprobación interna o por parte del CES. Tomándolos en cuenta, bien podría ser que en septiembre de 2018 tengamos aproximadamente 104 carreras y 44 programas para ofrecer al país.
Este incremento en número de ofertas es importante porque significa más diversidad y cupos para que los jóvenes participen de nuestro modelo formativo. Pero tanto o más importante que el número, son las innovaciones en las ofertas formativas. Todas las carreras nuevas o rediseñadas contemplan materias comunes e itinerarios abiertos a todos los estudiantes, mecanismos con los cuales queremos fomentar el aprendizaje interdisciplinar y la complementariedad en la formación profesional.
Por otra parte, la formación de grado y de posgrado se acompaña con diversas actividades que se agrupan en el “Plan de Bienestar e inclusión estudiantil”. Si a esto sumamos la actividad cultural y deportiva que realizan nuestros estudiantes, el acompañamiento espiritual, las oportunidades de crecimiento en la fe cristiana, el programa de liderazgo universitario latinoamericano ignaciano, y el voluntariado, que en el 2017 convocó aproximadamente a 480 estudiantes, vemos que sí contamos con una sólida oferta de iniciativas extra curriculares, además de la reconocida formación de grado y posgrado.
El desafío que sentimos en este sentido es la adecuada articulación de ofertas académicas con estas oportunidades formativas complementarias. Obviamente no esperamos que todos los estudiantes hagan de todo, porque apenas les quedaría tiempo para estudiar, que para eso vienen. Pero sí debemos presentar más armónicamente todas las oportunidades que ofrecemos para el crecimiento humano, profesional y ciudadano de nuestros estudiantes. Esto requiere, entre otras cosas, revisión de los horarios en función de los estudiantes y un mejor manejo de los espacios deportivos, académicos y culturales, tareas que sí somos capaces de realizar y que asumiremos en este año.
Nuestro segundo desafío consiste en ofrecer nuestra educación de calidad al mayor número posible de estudiantes.
En el 2017 tuvimos 277 estudiantes de grado menos y 1252 estudiantes de posgrado menos que en el 2016.
Estas disminuciones preocupan, es verdad, pero no deberían llevarnos a concentrarnos excesivamente en la cuestión de los números crecientes o decrecientes.
Recordemos que en el año 2016 tuvimos más estudiantes de grado y de posgrado que en el 2015, y sin embargo también en aquel año consideramos como desafío el ofrecer nuestra educación de calidad al mayor número posible de estudiantes. ¿Por qué decimos esto?
En primer lugar, porque nuestra propuesta educativa vale mucho, y su valor consiste en que con ella contribuimos a la transformación del país y a la transformación de muchas vidas. Mientras más jóvenes compartan nuestro sueño de cambio social mediante el conocimiento superior, más cerca estaremos de un mejor Ecuador. Porque el país necesita más agentes de cambio, debemos crecer, obviamente en números razonables y manejables.
La segunda razón para que la expansión de nuestro proyecto educativo es un reto a nuestra identidad y misión, es que todos los jóvenes tienen derecho a la educación superior. En la medida de nuestras posibilidades, debemos contribuir a la satisfacción de este derecho, especialmente para aquellos de escasos recursos o insuficiente preparación académica previa. La razón es que la educación superior es un bien público, no una mercancía, y como bien público genera responsabilidades en las universidades de la sociedad civil como la nuestra. Recordemos que lo público no se reduce a lo estatal, y por tanto no deberíamos dejar toda la responsabilidad de ampliar el acceso a la educación superior al Estado ecuatoriano. Naturalmente el Estado deberá entender que también tiene responsabilidades con las universidades de la sociedad civil, pero esa es otra historia para otro momento.
 Sin este marco conceptual, quedaremos reducidos a calcular nuestro punto de equilibrio, para luego sumar y restar. Siendo esto imprescindible, no lo es todo ni mucho menos la razón de ser de nuestra universidad.
Ahora bien, hemos trabajado bastante en el 2017 para responder a este reto. En la sede Matriz se implementó un plan de promoción estratégica que nos puso en el primer lugar de recordación en los bachilleres de la ciudad, e incrementó nuestra presencia en medios de comunicación. También se evaluó y mejoró todo el ciclo estudiantil, es decir el proceso que va desde la promoción de carreras y programas, la inscripción en exámenes, y la admisión hasta la matriculación. Además, se realizó un curso de preparación para rendir el examen de ingreso, y un curso de nivelación, ambos con mayor asistencia que en el 2016. Cabe señalar que, gracias al nuevo reglamento de estudiantes, los cursos de nivelación funcionan como una segunda opción de admisión en la universidad, alternativa al examen.
Lo anterior sucedió en la sede Quito, pero en las otras sedes se adoptaron estrategias similares: consolidación del proceso de admisión, en Ambato, cursos de nivelación general en lenguaje, comunicación y matemáticas, en Ibarra, campañas de difusión, en Manabí, por citar solo estos ejemplos.
Estos mecanismos tendientes a incrementar el número de admitidos y matriculados se completan con otros que buscan aumentar las tasas de retención y de titulación, como la elaboración de un sistema de tutorías integrales, y el análisis del proceso de titulación.
Por otra parte, se han hecho propuestas para incrementar el fondo de becas que han sido bien acogidas por algunos de nuestros aliados.
En definitiva, se diseñaron estrategias eficaces para aumentar el número de admitidos, matriculados y graduados, así como iniciativas para reducir las barreras académicas y económicas para el ingreso en la universidad. Estos adelantos mostrarán interesantes resultados a partir de este año, resultados que buscaremos incrementar por las dos razones antedichas.
Repensar nuestra identidad cristiana y católica es el tercero de nuestros desafíos.
Nuestra propuesta educativa se vuelve más pertinente y oportuna si mostramos con claridad lo que tiene de específico y diferente respecto a otras ofertas de educación superior.
Ahora bien, nuestra especificidad nace del carácter católico, y de la inspiración humanista e ignaciana que sostienen la universidad. Esta especificidad se expresa en al menos tres formas.
En primer lugar, nuestros valores nutren una misión que se expresa de esta manera: ofrecer una educación integral, incluyente y con impacto social. Esta misión, de por sí, ya muestra la impronta cristiana en la educación superior, su sello específico, pero todavía hay dos maneras más de ser institucionalmente cristianos y católicos, sin faltar obviamente al debido respeto a la pluralidad de creencias de nuestra comunidad universitaria.
Quisiera graficar la segunda con un evento que ocurrió en noviembre del año pasado.  La Dirección de Pastoral Universitaria ofreció un taller de bioética basado en casos prácticos que se completó con un seminario sobre el enfoque de género y sus desafíos para la búsqueda de igualdad, las políticas públicas y las tradiciones religiosas, evento que se realizó bajo la dirección del sacerdote y médico español, el Dr. Emilio José Ibeas. Este taller y seminario sucedieron en momentos delicados para la sociedad ecuatoriana cuando se discutía sobre la ley orgánica integral para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, y en un año marcado por marchas blancas y debates y epítetos no tan límpidos.
El taller y el seminario fueron exitosos ante todo porque permitieron el diálogo académico entre de distintas posturas ideológicas y religiosas sobre el tema, como es lo propio de una universidad. De esta forma, el evento representa uno de los modos de ser universidad católica en la sociedad secular contemporánea. Una universidad que se considera católica ha de saber situarse en las fronteras existenciales de hoy, allí donde los valores de la fe y las exigencias más profundas del ser humano se encuentran en tensión. Debe estar allí para dar a conocer, argumentada y rigurosamente, el punto de vista de la fe cristiana sobre las cuestiones que más preocupan nuestras sociedades.
La tercera manera en que esta institución muestra su sello específico es proponiendo oportunidades formativas coherentes con su identidad. Por esto hay que destacar el trabajo de creación de dos maestrías de investigación, las únicas que por el momento han sido aprobadas: la maestría en teología y la maestría en bioética. También hay que reconocer los 35 proyectos de voluntariado que la universidad realizó en el 2017. Si hubiera que resumir los signos identitarios de la fe católica en uno solo, este sería el darse a los demás de manera desinteresada, que es lo que el voluntariado intenta promover con hechos antes que con palabras.
Como bien diría el Papa Francisco, estamos llamados a ser una universidad católica en salida, así como la Iglesia debe, en palabras del mismo Papa, salir de la sacristía y pasar a servir en los campos de las actuales batallas existenciales.
Nuestro cuarto desafío consiste en fortalecer la unidad y coordinación de las seis sedes.
La PUCE cuenta con la formidable ventaja de ser una universidad verdaderamente nacional, con 9 campus, en 6 provincias del país. Conscientes de esta riqueza, las autoridades de las sedes comenzamos a reunirnos con frecuencia bimensual en el 2016, y en el 2017 aparecieron los primeros resultados de esta sinergia.
Uno de ellos es el haber construido 6 carreras y 6 posgrados con igual contenido curricular o coincidentes en más del 80%. Esta forma de trabajar en la universidad nos fortalece al momento de establecer convenios con otras universidades, participar en redes académicas o facilitar estancias en el extranjero por obvias razones.
Otro factor para el fortalecimiento del sistema PUCE es el proyecto PUCEMÁS, que, como muchos saben, es nuestra gran apuesta organizativa y tecnológica para los próximos 20 años. Este proyecto está sirviendo como catalizador de nuestra dinámica organizativa puesto que continuamente hace que nos preguntemos cuáles son aquellas mejores prácticas de las sedes que podrían enriquecer los procesos generales del conjunto.
De esta manera, el sistema PUCE se consolida, tanto en lo académico como en lo administrativo, aunque no sin dificultades, totalmente comprensibles debido a los muchos años de trabajo independiente. En este punto conviene recordar una de las características de nuestro modo de ser: buscamos la excelencia – académica, administrativa – pero no por ella misma; queremos una excelencia con sentido.
El quinto desafío de la universidad es hacer funcionar completamente el modelo de gestión de la investigación.
En el año 2017 se pusieron bases importantes para la institucionalización de la investigación. En primer lugar, el Consejo Superior aprobó en mayo dos políticas de orientación general, la primera de las cuales hace de la investigación el principio organizador de nuestra actividad académica, y la segunda confirma explícitamente que el desarrollo integral y sostenible es el horizonte último de nuestro quehacer.
De este modo la universidad inició la transición de ser universidad principalmente centrada en la docencia a convertirse en universidad de investigación y docencia, algo que nos urge realizar para mantenernos fieles a nuestra tradición investigadora y docente ampliamente reconocida.
Otro componente importante del modelo de gestión de la investigación son los dominios académicos. Luego de un cuidadoso proceso de construcción realizado por las sedes, se identificaron seis campos de conocimiento en que somos fuertes o podemos llegar a serlo, según nuestras capacidades actuales y voluntad de innovar.
Notemos que en el centro de los seis dominios se encuentra el concepto de “cuidado de la casa común”, que, como sabemos, expresa el ideal de reconciliación ambiental y social promovido por la Iglesia católica y el Papa Francisco. Este concepto se conecta con la interculturalidad y el desarrollo sostenible e integral, que vienen a ser los ejes transversales de los seis dominios académicos. Además, uno de los dominios es el manejo sostenible de recursos naturales, que tiene una importancia incuestionable para el cuidado de la casa común. Con esto ya podemos responder cuando nos pregunten qué hace la PUCE por la sostenibilidad ambiental, que ciertamente es más de lo que acabo de decir.
De los seis dominios académicos se derivan 15 líneas de investigación, también trabajadas colectivamente. De manera más precisa que los dominios, estas líneas facilitan la gestión de la investigación al señalar las prioridades institucionales en este ámbito.
Estos son los principales elementos del modelo de investigación elaborados en el 2017. ¿Qué decir sobre la actividad misma? En primer lugar, felicito a nuestros investigadores por el incremento en la producción científica en el 2017, sean artículos en revistas indexadas, libros, o capítulos de libros.
En segundo lugar, alegra el saber que los artículos producidos por investigadores de nuestra universidad demuestran calidad, en el sentido de influencia real en el mundo académico. Solo para limitarnos al índice Scopus, nuestro puesto según el impacto de las publicaciones es superior al puesto que ocupamos según su cantidad. En efecto, en el período 2015 – 2017 hemos fluctuado entre el 1 y 2 puesto de las universidades ecuatorianas según el famoso índice H, y esto es una buena noticia.
Obviamente quisiéramos, y deberíamos, incrementar tanto el impacto como la cantidad de nuestra producción académica, y no solo con artículos reconocidos en Scopus, sino con todas nuestras publicaciones. Por esto el quinto de los desafíos es hacer que el sistema de investigación funcione plena y eficazmente, a pesar de las dificultades de gestión que experimentamos el año pasado, y que creemos haber superado actualmente.
El sexto desafío consiste en tender puentes con colegios y con el mundo de la producción.
Este desafío es una especie de resumen de muchas de nuestras inquietudes. Con frecuencia nos preguntamos sobre la preparación que nuestros nuevos estudiantes traen de su bachillerato. A un buen número de docentes les parece que es deficiente, una impresión que se escucha también en otras universidades.
Los datos nos muestran, por otra parte, que en el 2017 el porcentaje de estudiantes que aprobaron el examen de ingreso, para carreras de grado en Quito, subió en 5,6%. Una de las razones para esto fue la mejora en la aplicación del examen de admisión, sin afectar su rigurosidad.
¿Quiere decir esto que los estudiantes secundarios sí vienen bien preparados para la universidad, y que por años no hemos sabido cómo evaluarlos? ¿Hasta qué punto un mayor porcentaje de aprobación del examen de ingreso dependerá de su continua revisión y actualización? ¿Necesitamos realmente que el 100% de inscritos en el examen lo aprueben, y cómo vamos a gestionar esto que parece maravilloso a primera vista?
“Tender puentes con los colegios” es la frase que resume preguntas como éstas y la urgencia de comprender mejor el mundo de la educación secundaria, con el fin de adaptarnos a él … hasta cierto punto. Sin duda hay una brecha entre educación secundaria y educación superior, pero ¿cómo y hasta donde corresponde a las universidades el cerrarla?
Respecto a nuestra relación con el mundo del trabajo, también nos hacemos preguntas. Tenemos una muy buena reputación ante las empresas, como lo muestra un estudio de la firma española Merco, reportado por la revista Vistazo, y el ranking inglés QS, uno de cuyos indicadores es la opinión que los empleadores se forman de las universidades.
Pero dejemos a un lado los rankings y los puestos. Si nuestros estudiantes consiguen fácilmente trabajo, debido a sus propias cualidades y a nuestra reputación institucional, ¿significa esto que tenemos una adecuada relación con el mundo del trabajo y de la producción? Podemos ser buenos, y muy buenos, preparando profesionales en determinadas carreras, o en todas. Pero ¿cómo estas profesiones contribuyen a un mejor país, más justo, solidario y sostenible?
Es una pregunta difícil que no concierne a los estudiantes en cuanto tales, ni a sus docentes, sino a nuestras decisiones institucionales. Por esto, es un desafío que cala hondo el preguntarnos qué tipo de necesidades productivas y laborales estamos atendiendo, con qué actores económicos estamos relacionándonos, y  qué idea nos hemos formado de “un mejor país”.
Si me permiten una metáfora, diré que la PUCE es un buque que navega bien – aunque rechine de vez en cuando - y marchará mejor ahora que tiene a la investigación como su motor central. La cuestión es si nos dirigimos en la correcta dirección y si están subiendo los pasajeros que deberían estar.
El penúltimo reto es favorecer la cultura institucional del cambio.
Nuestra institución está sometida a permanentes cambios. La autoevaluación institucional, la autoevaluación de carreras, la evaluación externa de las carreras de derecho y enfermería, la planificación operativa y su ejecución, la depuración de la información, el rediseño de carreras, y por supuesto, la preparación e inicio del proyecto PUCEMÁS, alteraron la relativa tranquilidad de nuestras operaciones cotidianas.
Hubo también otras innovaciones tendientes a ganar en agilidad que no despiertan tanta suspicacia como el buzón de sugerencias, felicitaciones y reclamos, el sistema IGNATIUS para la gestión de información, y el aplicativo para el seguimiento del plan estratégico y los planes operativos.
Pero el proyecto PUCEMÁS es quizás el cambio que mayor inquietud despierta. Como recuerdan, este proyecto inició en enero del año pasado con el levantamiento de los principales procesos académicos, administrativos, financieros y de recursos humanos. Luego de un cuidadoso estudio de las mejores prácticas de otras universidades ecuatorianas y latinoamericanas, se eligió el sistema SAP para la automatización de los procesos administrativos, financieros y de recursos humanos, y el sistema Banner para los procesos académicos, las dos mejores soluciones en sus respectivos ámbitos. Resultado de este mismo estudio fue la elección de la empresa Neoris para la implementación y coordinación de estos dos sistemas, todo lo cual fue formalmente presentado a la comunidad el pasado 6 de octubre.
Este proyecto vendrá a revolucionar la manera de hacer las cosas en la PUCE, y esto no es exageración ni propaganda. Tiene enormes ventajas, y por esto lo emprendimos, pero sabemos que causará, y ya está causando, dificultades y algunas incertidumbres sobre nuestra futura configuración organizacional. Quiero asegurarles que el objetivo central de este proyecto, y de todas las transformaciones que atravesamos, es prestar el mejor servicio posible a estudiantes, docentes y personal administrativo, es decir a la comunidad entera y a los aspirantes.
Por esto debemos disponernos a cambiar nuestra forma de hacer las cosas y adaptarnos creativamente a los cambios de la institución. No nos interesa estar a la vanguardia tecnológica, aunque sabemos que sí lo estaremos a partir del abril 2019 cuando la última de las plataformas comience a operar. Lo que nos mueve es facilitar la vida de los estudiantes, simplificar el trabajo y los trámites de todos, contar con información oportuna y veraz, y tantas otras ventajas que justifican la inversión hecha. El desafío es entonces imaginar y desear el poder servir mejor, lo cual ilusiona más que las nuevas pantallas en la computadora con las cuales deberemos bregar al comienzo.
Paso al último desafío: optimizar nuestros servicios a la sociedad.
Aunque este reto es evidente, sí es importante aclarar que la búsqueda de fuentes alternativas de financiamiento tiene por objetivo principal contribuir a enfrentar nuestros dos primeros desafíos.
Una educación de calidad para todos, o por lo menos para muchos más, tiene como condición necesaria, pero no suficiente, contribuciones económicas accesibles para la mayoría de potenciales aspirantes. Por esto, la universidad redujo los aranceles en febrero 2016 y los congeló durante los tres semestres siguientes. Más todavía, el año pasado nuestros especialistas estudiaron la mejor manera de reducir los costos de las carreras, de donde resultó otra reducción de aranceles que se aplicó en el semestre en curso.
Continuaremos buscando formas de reducir los costos de nuestras ofertas educativas sin disminuir la calidad, pero habrá un límite. Una alternativa es entonces fortalecer el fondo de becas con ayuda de personas e instituciones de la sociedad civil. Otra es generar excedentes – fíjense que no digo lucro – para incrementar el fondo de becas mediante la optimización de algunos de nuestros servicios a la colectividad, o la creación de nuevos servicios.
CONCLUSIÓN
Me gustaría concluir con dos citas de dos figuras muy relacionadas con el mundo universitario, una cercana a nuestra universidad y otra no tanto, pero ambas muy expresivas del espíritu de la PUCE. Una cita se refiere al fondo de lo que hacemos, la otra a la forma en que lo hacemos, aunque bien podrían interpretarse en sentido inverso.
El filósofo argentino ya fallecido, Arturo Andrés Roig, que por diez años enseñó en nuestra universidad dice que la actitud básica para filosofar es: “querernos a nosotros mismos como valiosos … y tener como valioso el conocernos a nosotros mismos”. Es decir, los filósofos latinoamericanos deben reconocerse como valiosos si quieren hacer auténtica filosofía.
Esta idea es de incalculable importancia para nuestra universidad. El llevar cuentas de lo que se hace en un año, el buscar las razones de lo que se hizo o se dejó de hacer, y el interpretar lo hecho o lo mal hecho, debe desembocar en la valoración de lo que somos y hacemos como universidad. Si no logramos entender esto, nos pasaremos siempre envidiando lo que hacen otras universidades, especialmente las norteamericanas, y padeceremos con cada subida o bajada en los rankings universitarios, como si allí se nos fuera la vida. Si partimos del auto reconocimiento de nosotros mismos como valiosos, estaremos listos para ser una universidad capaz de desenvolverse globalmente; de lo contrario viviremos siempre como una universidad culturalmente colonizada.
La segunda frase la dijo el P. Pedro Arrupe, superior General de los Jesuitas de 1965 a 1983. Cuando lo acusaban de haber cometido errores en su gobierno durante aquellas décadas turbulentas, respondió: «No pretendemos defender nuestras equivocaciones, pero tampoco queremos cometer la mayor de todas: la de quedarnos de brazos cruzados - y no hacer nada- por miedo a equivocarnos».
Esta frase es suficientemente elocuente y no necesita comentarios adicionales.

Muchas gracias por su amable atención y paciencia.


martes, 13 de marzo de 2018


LAS UNIVERSIDADES LLAMADAS COFINANCIADAS Y LA LOES

Fernando Ponce León, SJ. Guayaquil, 7 de marzo 2018

Las universidades llamadas cofinanciadas tenemos tres características que justifican tres grupos de necesidades que solicitamos sean consideradas en la reforma a la LOES.

Somos, en primer lugar, universidades como todas las demás, lo cual es obvio. En este sentido compartimos con todas las universidades ecuatorianas muchas de las sugerencias que se han hecho para facilitar el funcionamiento de la universidad ecuatoriana, y por tanto subrayaré solo unas pocas.

La aptitud de un docente para ser titular agregado o auxiliar no debería medirse solo por el tema de su maestría, sino también por la capacitación recibida. Actualmente la LOES pide como requisito la afinidad entre el título de cuarto nivel del docente y el área del conocimiento en que enseñará o investigará. Pero pedir correspondencia entre título de posgrado y área de conocimiento es algo muy limitado. Creemos que un docente es también apto para la enseñanza y la investigación si posee un título de tercer nivel afín a su futura área de trabajo, más un posgrado en educación superior o investigación científica. (artículo 150).

Las facultades sancionadoras del Órgano Colegiado Académico Superior deberían reservarse para casos muy graves. Hoy resulta que el OCAS debe nombrar una comisión para garantizar el debido proceso y el derecho a la defensa de los sospechosos de haber cometido cualquier tipo de falta, desde las leves hasta las muy graves. Sugerimos que el OCAS intervenga solo si la sanción es de separación definitiva, en caso de estudiantes, o de terminación de la relación laboral, en caso de docentes. Así como la sanción debe ser proporcional a la falta, el ente sancionador debe guardar proporción con la supuesta falta, de acuerdo con el reglamento interno de la institución (artículo 207).

El OCAS debe estar conformado por miembros reales de la comunidad universitaria y, facultativamente, por otras personas. ¿Deben los graduados ser parte del OCAS? De suyo, la comunidad universitaria se hace con autoridades, docentes, estudiantes y trabajadores; los graduados ya no forman parte de ella. Pero si alguna universidad quiere incluirlos, la LOES debe permitir que lo haga, pero sin obligar a otras a sujetarse a esta comprensión ampliada – y dificultosa – de comunidad universitaria.  (artículos 45 y 47).

Las universidades llamadas cofinanciadas somos también universidades de la sociedad civil. Digo expresamente que somos “de la sociedad civil” porque un sector de ella, llámese colectivo ciudadano, organización religiosa u otra forma de organización civil, decidió en algún momento fundar una universidad abierta a todos. En este sentido tenemos necesidades que las universidades fundadas por el Estado tal vez no experimenten.

Solicitamos que se respete nuestra autonomía para el cálculo de los aranceles. Sin duda el Estado tiene la facultad de regularlos, pero la manera de calcularlos es potestad de las universidades. Por esto pedimos que desaparezca de la LOES toda referencia a “costos por carrera” cuando se mencionan los aranceles. Los aranceles deben respetar el principio de igualdad de oportunidades, pero cada universidad verá si los deduce del costo de sus carreras o de cualquier otro criterio, siempre y cuando sean razonables y no excluyentes. Esta autonomía también se extiende a tener o no un sistema de aranceles diferenciados (Artículos 89, 90)

Las medidas de prohibición del lucro en las universidades deben ser razonables. De acuerdo con que el lucro no va con la universidad, pero la sospecha tampoco calza con la función estatal de promover la creación y difusión del conocimiento. Por el espíritu que se percibe en la reforma al artículo 161, introducida con el llamado Código Ingenios en diciembre 2016, este texto estaría mejor en el código penal antes que en una ley de educación superior. Esperamos la profunda revisión de este artículo así reformado.

La carrera de docente de una universidad particular tiene características propias que bien podrían ser atendidas con un régimen especial en el Código de Trabajo (artículo 23.1 del Código de Trabajo). Un docente a tiempo parcial, por ejemplo, no podría ser legalmente contratado por horas, salvo que se recurra a la figura de honorarios profesionales. Pero esta argucia violenta la naturaleza de esta relación jurídica. Por otra parte, ante la necesidad de terminar una relación laboral con un docente entran en colisión el Código de Trabajo y la LOES, creándose incertidumbre en las instituciones y en los mismos docentes (artículos 70 y 151).

Finalmente, las universidades por las cuales me han pedido que hable recibimos fondos estatales destinados exclusivamente a sostener becas estudiantiles. El Estado no financia nuestras operaciones, sino que recurre a nuestras universidades para colocar becas y con esto ampliar el acceso de nuestros jóvenes a la educación superior. Esta particularidad hace que estemos atentos al mecanismo y criterios de asignación de fondos para becas.

Sin duda es buena idea el entregar fondos estatales en función de la demanda estudiantil. Pero la reforma a los artículos 24 y 30, introducida en la ley orgánica de extinción de universidades, en diciembre 2016, en la práctica creó más problemas de los que quiso solucionar.

Dejó en manos del CES la facultad discrecional de establecer anualmente el porcentaje de las pre-asignaciones y otros recursos públicos a favor de las instituciones particulares, sin que se sepa de qué es ese porcentaje. 

Estableció un sistema interminable de idas y venidas entre el organismo estatal rector de la política de becas, el CES, la universidad, el Ministerio de Finanzas y el estudiante que no ha podido ni podrá ser implementado con eficacia.

Entregó al organismo estatal rector de la política de becas la facultad, no solo de determinar el valor y cantidad de las becas, lo cual es aceptable, sino también de calificar a los potenciales becarios y adjudicar las becas. Esto es algo que las universidades sabemos y podemos hacer, siempre y cuando se confíe en nuestras capacidades y se quiera descargar a este organismo de nuevas complicaciones burocráticas.

Por estas razones, y otras más, proponemos la derogatoria de la reforma a los artículos 24 y 30 de diciembre 2016, y de la disposición transitoria vigésimo octava – la segunda porque ya había otra – que viene en consecuencia. La relación entre demanda estudiantil y fondos estatales para becas debería resolverse en un reglamento para que esta buena idea en la cual creemos no se pierda.

Todavía podría señalar otras sugerencias de mejora de la LOES, pero me he limitado a algunas pocas que considero importantes. Los documentos que ya circulan y el debate de esta mañana completarán de mejor manera lo aquí dicho.

martes, 6 de marzo de 2018

La Reconciliación nos complica la Vida

Inauguración del Conversatorio y Taller “Del Conflicto a la Reconciliación”

Fernando Ponce León, SJ.
PUCE, Quito, 27 de febrero 2018

Hoy tenemos el gusto de reunirnos para asistir a este conversatorio “del conflicto a la reconciliación”, con la participación de distinguidos ponentes. Sean todos bienvenidos.

La palabra “reconciliación” tiene un hondo significado en los ambientes cristianos, y especialmente en la Compañía de Jesús. Como bien saben, los jesuitas entendemos nuestra misión como un servicio a la reconciliación en tres dimensiones: la reconciliación del ser humano con Dios, la reconciliación en la humanidad, la reconciliación con la creación. Con esto no definimos el contenido de lo que hacemos, sino el carácter y sentido de todos los apostolados que emprendemos. Esta formulación viene a ser un nuevo giro de tuerca a la manera en que expresábamos anteriormente nuestra misión: servicio de la fe y la justicia en diálogo con las culturas y otras religiones. Dos maneras de intentar decir lo mismo: como creyentes queremos participar en la misión de Cristo que es la instauración del reino de Dios en este mundo.

Así como la palabra “reconciliación” es honda, es también polisémica. En primer lugar, tiene un significado religioso; quiere decir una restauración cósmica, futura y trascendental de un nexo entre Dios y su creación, un nexo que alguna vez estuvo bien establecido, que luego fue roto y que hoy nos esforzamos por re-establecer, encaminados por la vida y obra de Jesús de Nazareth.  Para re-conciliar hay que admitir que, en algún momento y de alguna manera muy difícil de explicar, Dios y su creación estuvieron conciliados.

Afortunadamente lo que es difícil para la teología, no lo es para la narrativa. El libro del Génesis nos cuenta que en un inicio Dios vivía a gusto en el jardín del Edén y se entretenía conversando con el ser humano. Todo estaba conciliado, todos disfrutaban del lugar, y nadie tenía de qué quejarse. Vino la ruptura del pecado, y vino finalmente Jesús para anunciar que era posible reconciliar lo que estaba roto, y salvar lo que estaba perdido. A este mundo reconciliado por venir la llamó el Reino de Dios, cuya explicación más simple la he encontrado en un novelista contemporáneo, francés y agnóstico, Emmanuel Carrère: el Reino es el lugar donde Dios quisiera estar.

Todo esto lo digo a propósito del significado religioso de la reconciliación. Además de éste, existe un segundo significado, sabiendo que seguramente hay más de dos. Reconciliación es un término que se refiere a los caminos pastorales o las estrategias de acción – cada uno elija la expresión que mejor le cuadre – que podríamos poner en obra para conseguir la Reconciliación en su primer sentido. Este es un significado de tono más práctico que se relaciona con el religioso pero que no se identifica con él.

Es muy importante precisar estos dos sentidos de la reconciliación para no banalizarla ni caer en una tentación que hoy considero muy fuerte en los ambientes católicos. En este mundo de lo políticamente correcto, pareciera que expresiones como “justicia social”, “opción por los pobres”, “lucha y compromiso” ya no debieran usarse porque irritan y molestan a algunos. Para que todos nos sintamos unidos y felices – “juntos como hermanos”, como dice una canción católica – mejor es evitar lo que hiere y enoja al prójimo, aunque siga siendo verdad.

Seamos claros: la reconciliación no desplaza a la justicia; no está pensada para sustituir en nuestra jerga pastoral un término incómodo por otro más agradable. Si queremos utilizar la palabra reconciliación para evitar mirar y enfrentar las injusticias que nos rodean, es que no estamos entendiendo nada sobre la reconciliación ni nada sobre la justicia, ni absolutamente nade sobre el Reino de Dios.

Intentaré explicarme hablando de tres formas o estrategias con las que generalmente queremos contribuir a la reconciliación en su sentido religioso. Puede sonar a poco, o puede sonar pretensioso hablar sobre esta materia tan vasta, pero ya que me han dado la oportunidad de hablar, no quiero desaprovecharla.

Tenemos primero la reconciliación en sentido literal, que es la restauración de algo bueno pero perdido. Puede ser el amor de pareja, la unión cívica en un país, un ecosistema que se autorregulaba antes de la venida de invasores, y muchas otras situaciones más. En todos estos casos el esquema es el mismo: todo andaba más o menos bien, vino una irrupción, y ahora intentamos que las relaciones mejoren, sin tal vez aspirar a que sean las mismas, pues nunca lo serán después de la crisis.

Existe en segundo lugar la conciliación, así sin más, sin segundas apariciones. Aquí no se supone la existencia de un momento bueno que luego se degradó. Se asume que nunca la situación fue correcta o buena, pero de algún modo se descubre la necesidad de intervenir en ella y orientarla hacia lo que nos parece bueno o correcto, en las circunstancias actuales. El ejemplo que me viene a la mente inmediatamente es la relación entre las clases socioeconómicas que dividen la sociedad entre quienes concentran la riqueza y las oportunidades y quienes son despojados y excluidos de ellas. Es el uno por ciento de la población poseedora de la mitad de la riqueza mundial contra el resto (Informe Riqueza Global 2017 elaborado por el Instituto de Investigación Crédit Suisse).

Cuando hablamos de conciliación en este caso hay que entender que nunca hubo una edad dorada de igualdad que por alguna razón desapareció. La desigualdad, inequidad y empobrecimiento, las guerras y las torturas, siempre han existido. Pero algunos creyentes y humanistas empecinados consideramos que esto no va más, que debería acabarse y que la especie humana debería, no re-conciliarse, sino, por primera vez, converger hacia una familia humana de iguales, que se tratan con el mismo respeto y consideración.

Esto es muy difícil de creer, a diferencia del caso anterior, donde por lo menos había un estado previo y glorioso que sirve de referente. Es muy difícil de creer en la conciliación porque si la desigualdad existió siempre, ¿qué nos hace pensar que la haremos retroceder? ¿Alguna vez ganará espacio la solidaridad frente al egoísmo? ¿Puede un torturador reconvertirse?

Además de la reconciliación y la conciliación, tenemos un tercer camino o estrategia para la construcción del Reino de Dios, que no será muy popular en esta inauguración. Es el conflicto, no como un hecho que existe irremediablemente y que haya que evitar de cualquier manera, sino como algo querido y buscado frente a un estado de cosas falsamente conciliado.

Para no demorarme mucho en mi exposición, evocaré el ejemplo de Jesús en el Templo de Jerusalén. Este campesino de Galilea vino expresamente a voltear mesas de comerciantes y arruinar así la mutua comprensión que había entre compradores y vendedores en una semana de fiesta y alabanzas a Yahvé. Todo estaba bien, pero Jesús introdujo un conflicto que interpretó como su modo de hacer llegar el Reino en esas circunstancias. La historia dice que perdió; pudieron más los guardianes de la falsa paz. Pero San Pablo enseña que “Dios nos ha reconciliado consigo mismo por medio de Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5, 19)

Con todo esto quiero decir que la reconciliación o el Reino supone, efectivamente, la existencia del conflicto, pero bajo tres formas distintas:

  • Hay ciertamente un conflicto que irrumpe y destruye la armonía de una determinada situación y cuya superación se vuelve necesaria si queremos alcanzar un nuevo entendimiento, en algo parecido y en algo distinto a la anterior.
  • Existe también un conflicto instalado desde siempre en la historia y condición humana. El Reino también nos pide superarlo porque creemos que Cristo ya lo hizo, pero esta superación requiere mucha fe, mucha esperanza, mucho amor y compromiso.
  • Tenemos también el conflicto que acaba con la falsa idea de mundo feliz promovida por quienes disfrutan con el actual estado de las cosas.  Bien conducido, este conflicto libera y abre puertas a quienes siempre se han quedado por fuera de todo.


He dicho todo esto porque creo que el paso del conflicto a la reconciliación es un camino atrayente y necesario, pero complejo. Tomado a la ligera podría limitarse a ser un nuevo discurso sin aristas ni asperezas para cristianos bien pensantes. O peor aún, podría inmovilizar la búsqueda del auténtico Reino de Dios, a cuya construcción Jesús convoca a todos por igual.

Estoy plenamente convencido que nuestros ponentes y nuestros compañeros jesuitas invitados nos ayudarán a entender la complejidad en la que nos metemos cuando queremos trabajar para pasar del conflicto a la reconciliación, y que nos ayudarán a entender qué tiene que ver la justicia con la reconciliación. Quizás la principal obra de la justicia sea trabajar por la reconciliación de “los desavenidos”, como decían los primeros jesuitas, y crear conflicto en los falsamente conciliados. Esto sería dar a cada uno lo suyo; que los afligidos alcancen la paz, y que los satisfechos comiencen a preocuparse, para usar terminología bíblica. Pero estos son temas mayores que ustedes sabrán abordar mucho mejor en este día y en este taller.

Quiero decir por último que la PUCE se siente honrada por haber sido escogida como lugar para albergar este conversatorio y este taller pues el tema tiene mucho que decir a nuestra misión en el campo de la educación superior.

Como decía un compañero jesuita, P. Rafael Velasco SJ, antiguo rector de la Universidad Católica de Córdoba: “el centro de la universidad está fuera de la universidad”. Porque el tema que nos reúne nos recuerda esta verdad, porque la reconciliación nos complica la vida personal e institucional, tengo mucha alegría en declarar inaugurado estos dos importantes eventos. 

martes, 2 de enero de 2018

Reconciliación de toda la Familia Humana y Cuidado de la Casa Común según la Encíclica Laudato Si'

Ministerio de Relaciones Exteriores (Quito)

P. Fernando Ponce León, SJ. 15 diciembre 2017

INTRODUCCIÓN

A fin de responder al tema que me han propuesto, que es la reconciliación de la familia humana y el cuidado de la casa común, desde el punto de vista de la encíclica Laudato Si, del Papa Francisco, del 2015, quisiera plantear dos preguntas:

¿Por qué el cuidado de la casa común exige la reconciliación de la familia humana? Al responder a esta pregunta intentaré mostrar un punto central de esta encíclica del Papa Francisco.

¿En qué aporta el diálogo inter-religioso al cuidado de la casa común y a la reconciliación de la familia humana? Esta pregunta me servirá para decir algo sobre el tema general de este encuentro, que es la cultura de la paz y el diálogo inter-religioso.

CUIDADO DE LA CASA COMÚN Y RECONCILIACIÓN

El cuidado del planeta suscita una gran adhesión de la parte de prácticamente todo el mundo. Rara es la persona que esté en contra, aunque existen múltiples y a veces contradictorias maneras de entender este objetivo. La manera en que el Papa lo comprende se ve ya en el subtítulo de su encíclica, donde se habla de “casa común”, antes que de “planeta”. Esto significa, en primer lugar, que todos los seres vivientes tenemos en común al menos una característica: habitamos un mismo ambiente o espacio actualmente en deterioro, que es lo común entre nosotros. En segundo lugar, el ambiente requiere cuidado y administración responsable, y no explotación, a fin que los ocupantes podamos vivir bien. Es lo mismo que pensaríamos sobre las casas en las cuales habitamos. A nadie se le ocurrirá comenzar a vender las puertas y ladrillos de su departamento para comprar comida y autos con el fin de “mejorar la calidad de vida”.

Ahora bien, el “ambiente” no es solo la materia inorgánica que nos entorna: rocas, metales, tierra. Los vivientes constituimos, unos para otros, el entorno vital en que nos movemos y existimos porque nos necesitamos unos y otros. La encíclica lo dice así: “todo está conectado” (LS, n. 91). De aquí resulta que “Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza» (LS n. 117).

De esta forma el pensamiento católico progresa de la idea de interdependencia de todos los seres humanos, unos con otros, a la idea de conectividad del todo, de todos los vivientes. Por este motivo, la reconciliación entre los individuos de la especie homo sapiens, contribuye al bien de todos los vivientes y por ende al cuidado de la casa común.

Es común pensar, no solo en ambientes católicos, que la sostenibilidad ambiental es un medio para el bienestar humano, así como antes se creyó que el camino a seguir era la explotación de los recursos. Antes pensábamos que la explotación ilimitada del planeta nos traería la felicidad; ahora que los recursos se están agotando, descubrimos que la vía es su uso razonable.

Obviamente, el Papa Francisco no niega el carácter instrumental de la sostenibilidad ambiental, pero dice algo más: los seres vivientes, en cuanto tales y en cuanto ecosistema, valen por sí mismos, no solo como medio para el bienestar humano. El centro de la creación son los seres vivientes, incluidos nosotros los humanos, pero no solo nosotros.

En definitiva, la reconciliación humana contribuye al bienestar de todos nuestros co-habitantes, y por supuesto de nosotros mismos. Si cuidamos el bien de una parte estaremos cuidando el bien del todo.

DIÁLOGO INTER-RELIGIOSO Y CUIDADO DE LA CASA COMÚN

¿En qué aporta el diálogo inter-religioso al cuidado de la casa común y a la reconciliación de la familia humana? Para algunos, la religión y las religiones en diálogo unas con otras, y con la cultura secular, son un aporte positivo para el bienestar de la humanidad. Sin embargo, hay otros que consideran que las religiones han sido una permanente fuente de violencia en la historia humana, lo cual las descalifica y justifica todo esfuerzo por erradicarlas de las sociedades contemporáneas.

No voy a referirme a la debilidad argumentativa de esta segunda postura; más bien voy a citar un texto importantísimo de la Laudato Si: “Si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas, deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad. También es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad. Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje” (Laudato Si, n. 63).

En otras palabras, el ser humano aprehende la realidad y se hace cargo de ella de múltiples formas. Es lo que se afirma con términos como interdisciplinaridad y transdisciplinaridad. A lo largo de nuestra historia, las diversas culturas han desarrollado cosmovisiones, filosofías, religiones,  métodos científicos muy variados y otros saberes y conocimientos no menos diversos para ayudarse a vivir en contextos complejos. Hoy, el deterioro ambiental es una nueva crisis de alta complejidad que solo se entenderá con lo que podemos llamar de manera amplia, el diálogo de saberes, incluyendo las religiones.

Para terminar, permítanme citar dos ejemplos del aporte de las religiones ante esta crisis. Las religiones siempre han sostenido que “menos es más”, es decir, que la austeridad y la sobriedad en nuestro trato con los bienes materiales nos hacen más humanos; hoy vemos que también nos vuelven más sostenibles. Además, las religiones invitan constantemente a la interiorización o cultivo del espíritu, y por esto casi la totalidad de espiritualidades son de carácter religioso. Gracias a esto, hoy descubrimos que la espiritualidad, religiosa o no, es un requisito fundamental para la reconciliación humana y ambiental, porque nos ayuda a detener la máquina consumista y depredadora que hemos construido y jerarquizar nuestros valores como sociedad. No está de más recordarlo en este tiempo de Navidad.

Inauguración de la VII Semana Internacional de Economía

Quito, 12 de diciembre 2017

Me da mucho gusto saludarlos al inicio de esta séptima semana internacional de la economía, y además me siento honrado en desearles la bienvenida a importante este evento académico.

Ya que me permiten decir algunas palabras en esta inauguración, quisiera referirme a lo que considero es el principio de éste y de todos los eventos académicos que nuestra universidad organiza. Ya se imaginarán que cuando digo “principio” no me refiero al primer momento cronológico de esta mañana, sino al motivo o razón fundamental que origina nuestras actividades académicas, aquello que las “principia” y ordena. Dicho de otra manera, ¿por qué la PUCE organiza eventos académicos? ¿Solo porque es propio de cualquier universidad el hacerlo?

Como bien sabemos, las universidades ecuatorianas enfrentamos actualmente un desafío crucial. En las sociedades contemporáneas, el conocimiento se ha convertido en un factor generador de riqueza personal y social, como lo han sido – y siguen siéndolo todavía – la tierra, los medios de producción o los recursos financieros. Quizás más que otras instituciones, las universidades tenemos la enorme responsabilidad de generar y distribuir este formidable vector de humanización y de construcción social.

Ahora bien, así como el conocimiento puede contribuir al desarrollo de sociedades prósperas y equitativas, también puede servir para lo contrario. Dependiendo de cómo se lo utilice, produzca o difunda, el conocimiento puede convertirse también en un mecanismo que incrementa la exclusión y la inequidad en un país. Si queremos ser una academia responsable, no podemos eludir el desafío de dotar de un propósito a la gestión del conocimiento, un propósito que sea éticamente relevante en este cambio de época, y que no se pierda en su dimensión pragmática o productiva. Sabemos que el conocimiento es útil, queremos que también sea valioso.

En este sentido, la PUCE ejerce su actividad académica, uno de cuyas manifestaciones es esta semana internacional de la economía, movida por dos convicciones: es una actividad en el mundo y es una actividad para otro mundo posible. Lo primero quiere decir que toda investigación o aprendizaje se enraíza en un contexto determinado, quiéralo o no el investigador, el docente o el alumno. La circunstancias sociales e históricas determinan qué se investiga, aprende o comunica, de modo que incluso la teoría más abstracta en economía o en cualquier ciencia no puede prescindir del lugar donde se origina o estudia.

Lo segundo significa que no basta con que el investigador o el docente tenga plena conciencia del contexto en el que ejerce su actividad académica para que ésta valga. Los inventores de la bomba atómica supieron muy bien en qué circunstancias históricas trabajaban, y gracias a eso pudieron desarrollar conocimientos útiles, desgraciadamente útiles y efectivos. Pero a nadie se le ocurrirá decir que fueron conocimientos valiosos para la humanidad.

Entonces, si queremos ser responsables con nuestros conocimientos y eventos académicos, debemos dotarles de valor y no solo de utilidad; es decir hemos de optar decidida y explícitamente porque los resultados de la investigación, sean teóricos o prácticos, contribuyan directa o indirectamente a construir una sociedad a la altura de nuestra dignidad humana, una sociedad que quisiéramos fuera más justa, solidaria y sostenible, no solo más eficiente.

Mucho se podría elaborar a partir de estas dos convicciones, pero no es el momento. Quiero terminar aclarando que la finalidad transformadora en la gestión del conocimiento, por la que apuesta la PUCE, de ninguna manera contradice la seriedad y rigurosidad que se esperan en toda actividad investigativa. Muy al contrario, le ofrece un horizonte de sentido donde caben las distintas formas y prácticas que caracterizan la investigación.

A lo largo de estos días ustedes escucharán a destacados expertos nacionales e internacionales sobre los temas que nos convocan, y tendrán muchas ocasiones para debatir y proponer nuevas ideas y enfoques. Les deseo de todo corazón encuentros muy fructíferos y diálogos tan apasionados como profundos. Siéntanse en su universidad, y sepan que la PUCE les agradece por compartir su tiempo y conocimientos en la séptima semana internacional de la economía que con todo gusto declaro inaugurada.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Informe del Período 2015-2017

Dr. Fernando Ponce León, SJ

INTRODUCCIÓN

Dos años son una ocasión para hacer un balance de lo recorrido y de lo que todavía queda por caminar. ¿Qué se ha hecho en este tiempo?

En mayo ya presenté un informe de actividades sobre el año 2016 que está a disposición de todos. El actual informe viene bajo otro formato: más narrativo, buscando establecer un estado de la cuestión, mezclando lo ya alcanzado con lo que todavía está pendiente, combinando descripción de hechos con reflexiones personales.

El método que seguiré será exponer y comentar las sugerencias recibidas entre septiembre del 2015 y enero 2016. Cuando asumí el rectorado me encontré con una comunidad universitaria llena de expectativas, algunas de las cuales me fueron trasladadas por escrito bajo la forma de sugerencias para la acción. Las he leído, releído y analizado, y ahora las retomo como hilo conductor de esta exposición.

El informe que ahora presento puede ser visto como un diálogo entre la comunidad universitaria y el rector que expone, explica y todavía sueña. Hace dos años no tuve ni el tiempo ni la delicadeza de responder a todos los que me escribieron y felicitaron, de modo que ahora espero ponerme al día y dejar las puertas abiertas para este diálogo que debe continuar bajo las formas que se vean como necesarias y posibles.

Es importante aclarar que me referiré solo a dos años del trabajo de la PUCE, de los que puedo dar testimonio. Pero la universidad no empezó su transformación con mi gestión ni con el equipo actual. Estoy plenamente consciente que estamos hoy cosechando el trabajo de quienes nos precedieron, beneficiándonos hoy de mucho esfuerzo y dedicación de años anteriores. Igualmente estamos poniendo en marcha procesos cuyos resultados se verán mucho después. Gracias a los gigantes que nos precedieron en cuyos hombros hoy nos paramos.

1.- DIRECCIÓN ESTRATÉGICA

Un primer grupo de sugerencias se refieren a la dirección estratégica de la universidad. Una de ellas, quizás la más representativa, pide emprender una reforma estructural que privilegie lo académico sobre lo administrativo. Esta preocupación tiene estrecha relación con uno de nuestros objetivos estratégicos: “Mejorar la gestión institucional asegurando la calidad y mejora continua”, aunque tiene más aristas de lo que puede evocar este objetivo.

Quiero decir que hemos dado importantes pasos en esta dirección. En primer lugar, la PUCE aprobó su modelo educativo el 6 de marzo del presente año, luego de varios intentos que datan de comienzos del 2015 realizados por tres diferentes equipos de trabajo. Este modelo pretende ser integral y contiene tres grandes propuestas que se corresponden con las tres funciones sustantivas de la universidad.

En segundo lugar, desde el 14 de febrero 2017 contamos con una propuesta de restructuración académica que nos invita a repensarnos institucionalmente según departamentos. Este trabajo es el fruto del esfuerzo de la comisión Nueva Universidad que empezó a trabajar en noviembre 2015. Si a esta propuesta añadimos el Plan Estratégico 2016-2020 y un mapa de procesos elaborado por la Dirección de Aseguramiento de la Calidad, que data de febrero del presente año, poseemos ya tres importantes “hipótesis de trabajo”, como llamo a estos documentos. No son los únicos supuestos con los que trabajamos actualmente, pero sí los más representativos de nuestro compromiso por responder a esta sugerencia que pide adecuar los medios administrativos con el fin académico que nos alienta.

En tercer lugar, la respuesta más concreta a esta sugerencia es el proyecto llamado PUCE MÁS, del cual todos seguramente hemos oído hablar. Este proyecto busca, en pocas palabras, ser más eficientes y organizados para servir mejor a nuestra comunidad universitaria y al país. De este proyecto se hablará en la segunda parte de este evento.

Otra sugerencia muy relacionada con la dirección estratégica de la universidad es la relativa al manejo de la información. Al momento la información está centralizada en la Coordinación de Información y Estadísticas, de la Dirección de Aseguramiento de la Calidad.  Esta dirección, establecida en enero 2016, creó el sistema de información Ignatius, que recoge las variables requeridas por los organismos externos de control. Cubre información general sobre docentes, estudiantes, administrativos, la investigación, la vinculación, y la institución. Además de este sistema hay que mencionar el uso de Project Online para el seguimiento de los avances del Plan Estratégico, un aplicativo alimentado periódicamente por los responsables de los planes y proyectos. El mismo plan estratégico 2016 – 2020 y su metodología unificada para la implementación de planes operativos, junto con la creación de Oficinas de Aseguramiento de la Calidad en las otras sedes, articuladas a la DAC, muestran cuánto nos interesa la gestión de la información para el desarrollo de la universidad.

Sin duda el sistema Ignatius debe todavía perfeccionarse, e incluir más variables y datos, pero ya es una herramienta que nos garantiza la coherencia entre la información que entregamos al Estado y la sociedad y la que utilizamos internamente para efectos de gestión.

Dentro de este paquete de sugerencias de carácter estratégico cabe mencionar tres más referidas al posicionamiento y reconocimiento de la Universidad en ámbitos externos. Mejorar la promoción y publicidad de la PUCE era una de las necesidades más sentidas hace dos años. Puede ser que todavía falte mucho en este campo; sin embargo, la renovación de la imagen institucional y la contratación de la agencia de publicidad MullenLowe Delta Ecuador, en enero de 2017 nos han valido una presencia más fresca y positiva en la opinión pública, a juzgar por algunas reacciones favorables.

Pero el posicionamiento que queremos no es solo el que se consigue con una buena estrategia de imagen. De hecho, esto es menos importante que los logros mismos que quisiéramos dar a conocer. Están por ejemplo algunas acreditaciones internacionales que contribuyen al Oe4, que es “reposicionar el prestigio de la PUCE como una universidad de excelencia a nivel nacional e internacional”. En un trabajo conjunto entre la Coordinación de Evaluación y Acreditación, de la DAC, y algunas unidades académicas se ha conseguido en el presente año la certificación internacional de Ecoturismo y Gestión Hotelera (Certificación TEDQUAL), mientras continua el proceso para la certificación internacional de administración de Empresas, Contablilidad y Auditoría (CACECA México) y Biología (QUALITAS Chile).

Un hecho importante para el reconocimiento externo de la PUCE es su participación en los debates universitarios actuales. Hay que ser modestos en este punto, porque participar no es lo mismo que influir, y en asuntos políticos hemos tenido más de lo primero y no sabemos cuánto de lo segundo. De todas formas, es bueno saber que la PUCE es vista como la representante y líder de las ocho universidades que recibimos fondos estatales para becas. Esto nos ha permitido suscitar en este grupo diálogos sobre la reforma a la LOES y sobre el nuevo modelo de evaluación y acreditación institucional, diálogos que culminaron en sendas propuestas acuerdo que ya fueron transmitidas a las respectivas autoridades. Por otra parte, actualmente la PUCE asiste a reuniones semanales en la comisión de educación de la Asamblea Nacional, los lunes con las universidades públicas, para tratar la reforma estructural al financiamiento de la educación superior, y los miércoles con las universidades particulares, para asuntos de común interés. Se nos sugirió que nos involucráramos en la mejora de la legislación universitaria y lo estamos haciendo con muchas ganas y no menos paciencia. Recordemos que en julio de este año albergamos el encuentro de las 60 universidades del país con la SENESCYT y otros organismos donde se identificaron los principales nudos críticos que hoy animan el debate universitario.

2.- DOCENCIA

Así como la reforma estructural es la sugerencia más representativa de carácter estratégico, el rediseño de las carreras y la creación de nuevas ofertas expresan las expectativas académicas más apremiantes.

Las sugerencias en este ámbito se relacionan con nuestro Oe 1, que consiste en “innovar e incrementar la oferta académica de grado y posgrado”. A la fecha, de los 77 proyectos de carreras de toda la PUCE, el CES ha aprobado 43, autorizado 3 a funcionar, y continúa analizando 29.  Solo dos están todavía en nuestras unidades académicas, antes del trámite interno. Por otro lado, de los 24 proyectos de posgrado elaborados, solo 7 están aprobados por el CES y uno está siendo revisado por sus técnicos. Los restantes 16 se encuentran en alguna etapa de estudio o aprobación interna. En este conteo no se toman en consideración los 15 posgrados de medicina, actualmente en curso hasta el 2019.

Hay que notar que la elaboración de posgrados nos ha enseñado algo de humildad. Para febrero de este año se reportaban 99 proyectos en algún estado de elaboración o de imaginación, de los cuales 65 correspondían a Quito. El que solo 21 se hayan finalmente concretado nos demuestra que la universidad necesita mucho más que buenas ideas, las cuales nunca faltan.

La academia es algo que apasiona y preocupa a académicos, como es natural. Por esto las sugerencias de hace dos años no se referían únicamente a un incremento en el número de ofertas académicas, como acabo de explicar.  Trataban también sobre mejoras cualitativas en el modo de hacer docencia. Crear maestrías interdisciplinares, crear mecanismos de interacción entre facultades para fomentar la interdisciplinariedad, permitir que graduados de cualquier campo hagan maestría en otros campos, crear programas de doble titulación, especialmente en AUSJAL, hacer que las mallas de las carreras culminen en maestrías, ofrecer más carreras y programas en modalidad virtual, sean semi-presenciales o a distancia, crear algunas asignaturas virtuales en las carreras presenciales, son algunas de estas sugerencias.

El balance hoy es matizado. El impulso que se ha dado a la interdisciplinariedad se puede ver en tres avances. Primero, en la creación de asignaturas comunes y asignaturas de objetivo común. Las primeras son seis asignaturas que se impartirán por igual a todos los estudiantes que ingresen en la Universidad a partir de abril 2018. Están diseñadas de tal forma que estudiantes de diversas carreras coincidan en las mismas aulas y aborden de modo interdisciplinar la Comunicación oral y escrita, las Tecnologías de la información y de la comunicación, los Fundamentos de la Investigación, los Contextos e Interculturalidad, Jesucristo y la Persona de Hoy y la Ética Personal y Socioambiental.

Las asignaturas de objetivo común, por su lado, son cuatro asignaturas que concuerdan en el objetivo de aprendizaje, pero conservan algunas diferencias explicables por las particularidades de la carrera. Por ejemplo, la lectura y escritura académica persigue el mismo fin en las carreras que la incorporan, pero con adaptaciones propias al campo disciplinar en cuestión, y lo mismo puede decirse de la Filosofía de la disciplina o campo disciplinar particular, del Diseño y evaluación de proyectos y de la Deontología profesional y legislación.

Un segundo avance que contribuirá sin duda a la formación interdisciplinar de nuestros estudiantes es el diseño de los itinerarios en todas las carreras nuevas o rediseñadas. Cada una de ellas tiene dos o tres itinerarios que podrán ser ofrecidos a estudiantes de otras carreras a fin de permitirles completar su formación integral con enfoques distintos a los de sus propias carreras o campos de estudio. Sin embargo, el desafío logístico para implementar las materias comunes y los itinerarios comunes es grande. Deberemos hacer un esfuerzo hasta ahora no visto en la universidad para optimizar aulas, optimizar el tiempo de los docentes y crear franjas de horarios para estas asignaturas e itinerarios, a semejanza de lo que sucede con la enseñanza de los idiomas.

Hay una sugerencia que siempre me ha llamado la atención por lo sencilla y convincente que resulta: organizar los horarios en función de los estudiantes. Me temo que el hacerlo a partir del próximo semestre despertará alguna resistencia entre nosotros, pero no por esto la Universidad renunciará a innovaciones que hoy son sumamente necesarias para responder a los nuevos tiempos.
También fomentamos la interdisciplinariedad con en el primer posgrado diseñado con estas características: la maestría en bioética, preparada por la facultad de medicina y filosofía y teología, actualmente en análisis en el CES.

Sin embargo, tenemos todavía algunos asuntos en los que avanzar, como el ofrecer más formaciones interdisciplinares, pues una es muy poco, el desarrollo de programas de doble titulación, especialmente en el espacio de la AUSJAL,  un incremento significativo de la educación virtual, la virtualización de algunas asignaturas en la educación presencial, efectivas oportunidades de movilidad estudiantil nacional e internacional que beneficien al mayor número posible de estudiantes, por mencionar solo algunos desafíos pendientes.

3.- INVESTIGACIÓN

En cuanto a la investigación, la principal y más englobante sugerencia es el hacer de esta actividad el sustento de programas y carreras. Esta sugerencia está directamente relacionada con nuestro Oe 6, que es “promover la investigación y producción científica, con un enfoque innovador, para el desarrollo del conocimiento y la resolución de problemas globales y locales”.

El Consejo Superior entendió bien esta responsabilidad que, sin exageración, podemos llamar histórica. En su sesión del 8 de mayo del presente año, El Consejo aprobó doce conjuntos de políticas, precedidas por dos llamadas de orientación general, la primera de las cuales dice lo siguiente: “la PUCE propenderá a ser una universidad de docencia con investigación que concede igual importancia a la vinculación con la colectividad. La investigación es el pilar del fortalecimiento de la docencia, el crecimiento institucional y la vinculación con la colectividad”.

Esta política apenas ha sido notada por la comunidad y sin embargo es de gran trascendencia para el futuro de la PUCE. Significa, ante todo, identificar un nuevo norte académico para nuestra institución. En los hechos, han sido las carreras de grado las que han marcado el ritmo de nuestro desarrollo. Luego han venido los posgrados, que han sido como extensiones de las carreras, y finalmente hemos dejado algún lugar a la investigación, como una actividad opcional y reservada a pocos. Por diversas razones entendibles en su momento, nos constituimos como una universidad sobre todo profesionalizante. Ahora los tiempos nos piden dar la vuelta a estas prioridades. A la cabeza del tren irá ahora la generación de conocimiento. A ella se engancharán los posgrados de investigación y profesionalizantes, y finalmente las carreras de grado.

Para esta revalorización del lugar de la investigación en nuestra universidad ayudará muchísimo el haber consensuado en las seis sedes los dominios académicos y líneas de investigación. Por otra parte, reposicionar la investigación supone algunas medidas para que no quede en mera declaración. La primera y más fundamental es la estructura académico administrativa que conviene a este tipo de universidad. Los especialistas nos dicen que una estructura en torno a campos de conocimientos, llámense departamentos u otra cosa, es la más adecuada, a diferencia de una estructura con base en profesiones, como es la actual organización por facultades.

Pero la dificultad mayor se encuentra en su costo: una universidad centrada en la investigación cuesta más que aquella que enfatiza la docencia de grado y posgrado. ¿Quién paga las silenciosas y no siempre productivas horas del investigador? Que los aranceles de los estudiantes cubran los gastos de la docencia de la cual se benefician directamente, es lo correcto, pero ¿la investigación de los docentes? Si decimos que la Universidad debe hacerlo, ¿de dónde obtendrá los recursos necesarios si todavía no hemos descubierto la piedra filosofal que transforma el plomo en oro? Las cuestiones de sostenibilidad son quizás las más críticas a la hora de optar por la investigación, porque de su conveniencia en sí misma nadie duda. Por esta razón no hemos respondido con la celeridad esperada a sugerencias tales como identificar a los mejores investigadores y asignarles suficiente tiempo para la investigación, crear laboratorios o centros de investigación interdisciplinares, o publicar las mejores tesis de estudiantes, con sus tutores, a fin de aumentar la producción científica.

4.- VINCULACIÓN

No recibí muchas sugerencias sobre vinculación con la colectividad, pero sí una de mucho valor que dice lo siguiente: “Considerar a la vinculación como estrategia para la docencia y para la investigación, no como función aparte”. Su valor consiste en que propone un camino para implementar una segunda sugerencia, que de hecho se recoge en el lineamiento “impacto social” de nuestro Plan Estratégico: “Aumentar el impacto de la PUCE en la mejora de la calidad de vida de las personas y comunidades”.

El impacto social que buscamos, el propósito transformador de nuestro quehacer, se consigue a partir de lo que somos: una comunidad comprometida con la investigación y la docencia. Por esto, no debemos entender las tres funciones sustantivas de la universidad como si fueran tres campos de acción autónomos y de igual naturaleza. Ya se dijo que la PUCE está reconstituyéndose como una universidad donde la investigación determinará en buena medida la docencia; es decir como una institución que investiga, enseña lo que investiga y enseña a investigar, para decirlo de manera bastante sintética y sin disminuir de ninguna manera la formación profesional que necesitan nuestros estudiantes y el país.

En este sentido, la vinculación con la colectividad es en nuestro modo de hacer investigación y docencia. No es una actividad distinta que deba expresarse en un conjunto aparte de programas de “intervención social”, o de “acción humanitaria”, como suele decirse. Nuestra manera de servir al país consiste en realizar investigación y docencia asumiendo que pertenecemos a un contexto humano y ambiental concreto, condicionado por estructuras sociales injustas, pero también capaz de emancipación y crecimiento humano.

Es verdad que siempre habrá necesidad de acciones humanitarias como expresión de la solidaridad personal e institucional ante el sufrimiento humano, y siempre fomentaremos la divulgación de los conocimientos, los eventos académicos y la acción social directa como la vía corta de nuestro compromiso social. Recordemos con orgullo que la PUCE ha recibido dos premios de la SENESCYT por sus logros en vinculación de los años 2015 y 2016. Recordemos también que hace un año fuimos sede paralela del encuentro Habitat III. No obstante, por ser pontificia, católica y ecuatoriana esta universidad inscribe el servicio a la sociedad en el corazón mismo de su misión académica, no lo considera un entretenimiento ocasional para las horas huecas ni mucho menos un mero requisito para la acreditación institucional.

5.- AMBIENTE Y COMUNIDAD UNIVERSITARIA

Esta sección recibió no pocas sugerencias, de muy diverso calibre. Van desde las que piden un restaurante para los profesores hasta las que solicitan que se desarrolle en la comunidad una sana actitud de autocrítica. En lugar de responder una a una, y sabiendo que en este campo es difícil elegir una que podamos llamar emblemática, me referiré a algunos avances y a ciertos desafíos todavía por enfrentar.

La PUCE cuenta desde febrero de este año con un reglamento de personal docente y escalafón que ofrece mejores garantías para la actividad académica. Debo reconocer que todavía estamos trabajando en lo correspondiente para el personal administrativo y de servicios, quienes tienen todo el derecho de visualizar las oportunidades de ascenso y promoción que les ofrece la universidad.

Otro logro digno de destacar es la creación de comités de ética en todas las sedes. Por lo que conozco de nuestra sede Matriz, el comité de ética recibe y procesa una gran cantidad de asuntos, lo cual no debería verse como un repentino incremento de dificultades internas sino como una prueba de la necesidad que teníamos de un espacio para abordar asuntos delicados que contradicen nuestros valores. Recordemos que a esta sede concurrimos diariamente un estimado de 17.000 personas, lo que nos convierte en un pequeño pueblo – como San Miguel de los Bancos – donde lamentablemente ocurren incidentes que debemos atender.

En este punto es bueno saber también que desde hace algunos meses venimos trabajando en la elaboración de un protocolo para enfrentar los problemas de violencia que aquejan a la comunidad, empezando por la violencia de género, pero con la intención de incluir finalmente todos sus aspectos preocupantes. Por razones metodológicas hemos empezado colaborando con los estudiantes, la población más numerosa de nuestra comunidad, e involucrando en esta construcción a la mesa de género, las facultades de jurisprudencia y sicología y sus respectivos consultorio jurídico y centro de sicología aplicada, el comité de ética, y las direcciones de vinculación, pastoral y salud ocupacional. En un segundo momento pediremos la ayuda de las asociaciones de docentes y de trabajadores a fin de presentar un primer resultado el 25 de noviembre, día de la violencia contra la mujer.

Otro avance en este ámbito es el buzón de sugerencias, inconformidades y felicitaciones, que opera desde el 24 de marzo de este año. Esperamos que así como las autoridades permanecemos atentos a lo que pueda decirnos este buzón, la comunidad entera recurra a él como canal privilegiado para comunicarnos lo que a su juicio va o no va en la universidad.

6.- ESTUDIANTES

Hace dos años algunas sugerencias se refirieron también a los estudiantes, incluyendo los jóvenes que se interesan por nuestra universidad.

Se nos pidió, con mucha razón, ser más creativos a la hora atraer a jóvenes a nuestro proyecto educativo, algo que tiene también su correlato en nuestro plan estratégico. Flexibilizar las fechas de inscripciones, recurrir a la tecnología para los exámenes de ingreso, ofrecer más plazas en los cursos de nivelación son algunas de las sugerencias que ya están implementadas. En los últimos meses hemos mejorado notablemente estos procesos al punto que ahora mismo el curso de nivelación cuenta con más de 500 estudiantes y, lo que es más importante, su aprobación equivale a la aprobación del examen de ingreso, gracias a una reforma del reglamento de estudiantes. Hay que reconocer, sin embargo, que todavía está pendiente el conseguir convenios con colegios reconocidos de modo que sus mejores estudiantes reciban incentivos interesantes para ingresar a nuestra universidad.

La situación económica de estudiantes actuales y futuros es algo que preocupaba y sigue preocupando a nuestra comunidad porque afecta su ingreso o permanencia en nuestras aulas. Debemos recordar que la sede Matriz congeló los aranceles desde el segundo semestre del año lectivo 2015 – 2016, hasta el segundo semestre del año lectivo 2017 – 2018. Por cinco semestres el valor de los aranceles se mantiene igual en la sede Matriz a pesar que las normas del CES nos facultan a incrementarlos según el porcentaje de la inflación. Aún más, estamos buscando por todos los medios posibles optimizar la programación académica y las demás operaciones para reducir los costos de las carreras, y con ello los aranceles, sin afectar la calidad de la enseñanza. Todos los esfuerzos administrativo-financieros, que no siempre son entendidos ni apreciados por docentes e investigadores, se resumen en esta máxima: ser más eficientes para ser más incluyentes.

Es natural que se piense en las becas como una forma de reducir las barreras de ingreso, y así lo muestran otras sugerencias y nuestra continua reflexión sobre el tema. Obviamente, desearíamos incrementar el monto de las becas que actualmente ofrecemos y crear muchas más. Sin embargo, la simple verdad es esta: de alguna manera tienen que pagarse los estudios de los estudiantes becados. De algún lugar tiene que salir el financiamiento para cubrir los beneficios que reciben quienes con justa razón los merecen.

Para responder a esta cuestión estamos trabajando en varios frentes. Primero, en atención a un pedido del Consejo Superior, estamos conformando un fondo de becas que se alimentará de dos maneras: con aportes privados, como, por ejemplo, la hacienda de caña de azúcar que tan generosamente nos donó la señora María Batallas en el año 2016, y con los rendimientos que generen nuestros centros de vinculación con la colectividad, allí donde las prácticas pre-profesionales no sean su principal objetivo. Me refiero al laboratorio de suelos, el CESAQ, el Diserlab y otras iniciativas igualmente reconocidas por su profesionalismo.

El segundo camino que hemos tomado para mejorar el financiamiento de las becas es la reorganización de nuestro actual sistema de beneficios. La reforma del reglamento de estudiantes en junio de este año permite que hablemos de cinco categorías de becas: Socio-económicas, De inclusión, Académicas, De desarrollo integral e Institucionales. Hasta ahora hemos estandarizado los porcentajes de descuento en todos los casos excepto en la llamada beca laboral, que pertenece a la categoría de becas institucionales. Bien sabemos que éste es un asunto sobre el cual todavía queda mucho por hablar y acordar entre autoridades, docentes y trabajadores.

7.- SOSTENIBILIDAD Y AGILIDAD

Nuestro proyecto educativo requiere medidas urgentes y creativas para garantizar su sostenibilidad. De esto tenemos plena conciencia a tal punto que la sostenibilidad y la agilidad son dos lineamientos generales del Plan Estratégico que garantizan respectivamente las condiciones materiales y culturales de la continuación y expansión de nuestro proyecto. Las ideas sugeridas en este ámbito abundan, pero solo evocaré un par de puntos dada la imposibilidad de referirme a todas ellas.

El Consejo Superior aprobó el 15 de diciembre del 2015, apenas iniciado mi período, una serie de medidas de sostenibilidad que nos hemos esforzado en cumplir. Nos pidió una gestión más eficiente de los aspirantes, la puesta en marcha de cursos de nivelación “en su máxima capacidad”, el aumento de cursos abiertos, su estandarización y reglamentación, y una serie de medidas laborales a fin de reducir los costos sin afectar los derechos de nuestros colaboradores, además de otras decisiones igualmente importantes. No pudimos implementar a cabalidad todas estas medidas en el año 2016, como se pensó en un inicio, pero ninguna de ellas ha sido desatendida desde entonces. En ocasiones recibimos buenas noticias como el saber que en el primer año de gestión, al cierre de los Estados Financieros, logramos reducir el déficit en un 80% como resultado de la correcta aplicación de políticas y regulaciones.

Lo importante es que las autoridades continuamos trabajando con plena conciencia del contexto económico difícil que afecta a nuestros colaboradores y estudiantes. Tengan la seguridad que actuamos con realismo pero también con sensibilidad ante las necesidades de nuestra comunidad.

En este punto es bueno caer en la cuenta que hasta el 2015 la sede matriz Quito y las otras Sedes funcionábamos prácticamente como seis universidades autónomas. Gracias a la común voluntad de los prorrectores y prorrectoras empezamos un proceso nada fácil de articulación como un solo sistema que, aunque tomará todavía algunos años, nos está dando un nuevo sentido de común identidad y misión. Una muestra alentadora de esta articulación es el hecho que por primera vez en la vida de la PUCE los Estados Financieros de los años 2015 y 2016 fueron consolidados y auditados por una reconocida empresa internacional, ejemplo que estamos replicando en otros aspectos como el presupuestario, la gestión de información, la elaboración de política y reglamentos, etc.

Así como la sostenibilidad nos pone a pensar, también lo hace la agilidad que necesitamos imprimir a las operaciones y al servicio que prestamos. Hoy somos una somos una comunidad de aproximadamente 28.000 personas en ocho ciudades del país, que experimenta un acelerado proceso de reorganización académica, administrativa y sistémica, si cabe el término. En cierta revista empresarial descubrí que la PUCE es considerada el 35º empleador privado del país, por el número de sus colaboradores. Todo esto nos requiere organización y disciplina y sobre todo que nos dotemos de herramientas tecnológicas a la altura de nuestras ambiciones. Mientras más alto queramos llegar, mientras más influyentes queramos ser, mejor afinados deben estar nuestros instrumentos de trabajo. Por esto, el principal esfuerzo para conseguir la agilidad, y con seguridad el más osado en muchos años, es la reorganización de nuestros procesos clave y el cambio de plataforma informática, un proyecto que hemos convenido en llamar PUCE MAS. Sobre esto hablaremos a continuación, de modo que no diré más al respecto.

CONCLUSIÓN

He procurado presentar el estado de la universidad tal como lo percibo al cabo de dos años en mi actual responsabilidad. Han aparecido algunos logros, otros temas todavía pendientes y no pocos desafíos para el futuro. Como método de exposición he recurrido a las sugerencias que recibí hace dos años, pero exponiéndolas y comentándolas libremente.

He rehuido las cifras, pero ahora mencionaré unas pocas. Según mis cálculos y sistematización recibí 69 sugerencias relativas a los 7 ámbitos abordados en mi exposición. Puedo decir que 52 de ellas han sido atendidas y 17 todavía están pendientes; es decir el 75% de lo sugerido ha sido y es objeto de nuestro trabajo diario hasta la fecha.

Por otra parte, los nueve objetivos del plan estratégico coinciden con lo que las sugerencias piden que atendamos. Esto significa que la comunidad descubre prácticamente los mismos desafíos cuando piensa espontáneamente que cuando reflexiona sistemática y programáticamente. Llegamos a las mismas conclusiones cuando hablan los que quieren que cuando hablan los que deben, y esto me reconforta y hace ver que existe una buena sintonía en el modo como percibimos, desde ángulos diferentes, lo que somos, hacemos y queremos llegar a ser.
En mi informe de mayo señalé seis retos institucionales que son a la vez compromisos, y que no voy a repetir ahora. Estoy convencido
que tenemos hoy todos los recursos humanos y materiales para cumplirlos y proyectarnos todavía más allá, aunque nos tome tiempo y esfuerzo. Todo depende del carácter que con el que sepamos marcar lo que diariamente pensamos y hacemos.

Cuenta una historia que en un pueblo europeo medieval un hombre se paseaba tranquilamente entre obreros. Al primero que vio le pregunto: ¿qué estás haciendo? Este respondió: tallando una piedra. Al segundo que encontró le preguntó también: ¿qué estás haciendo? Éste contestó: ganándome la vida. Al tercero y último también le preguntó: ¿qué estás haciendo? Este obrero respondió: estoy construyendo una catedral. Les dejo que concluyan.